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El Gran Conjunto Milimétrico/Submilimétrico de Atacama (ALMA) se compone de 66 radioantenas a unos 5 mil msnm, en el valle de Chajnantor, Desierto de Atacama, Chile.
 
 
El Gran Conjunto Milimétrico/Submilimétrico de Atacama (ALMA) se compone de 66 radioantenas a unos 5 mil msnm, en el valle de Chajnantor, Desierto de Atacama, Chile.
Foto: Sergio Izquierdo
 
 

ALMA, los ojos de la humanidad

Autor: Erick Pinedo Fecha: 2017-03-30

 

En el desierto de Atacama, al norte de Chile, se implementa la tecnología más avanzada para la exploración espacial: el Gran Conjunto Milimétrico/Submilimétrico de Atacama (ALMA), el observatorio astronómico más preciso del planeta.

Con un centímetro de lluvia al año, Atacama es uno de los sitios más secos y áridos de la Tierra. Su frontera natural, la cordillera de los Andes, forma una barrera que impide el cruce de las nubes que se acumulan al este, sobre el Amazonas; a su vez, los vientos occidentales del Pacífico recolectan la poca humedad atmosférica presente en el aire, que causa interferencia durante las observaciones astronómicas. Estas características, junto con la lejanía de las grandes urbes, que provocan contaminación lumínica e interferencia radial, hacen de este desierto un sitio ideal para estudiar el espacio exterior.

Gracias a esto, más de una docena de proyectos se han iniciado en las elevadas mesetas de la puna atacameña desde los años sesenta del siglo XX, lo que ha resultado en que Chile realice hasta 40 % de la actividad astronómica contemporánea en el mundo. Así, uno de los sitios más inhóspitos y desolados del planeta se ha convertido en un referente clave para el desarrollo científico del siglo XXI (en la actualidad se discuten programas que podrían traer al norte del país hasta 70% de las investigaciones).

 

Las estrellas pueden verse con claridad en el Desierto de Atacama, Chile.

Foto: Sergio Izquierdo

 

Los 66 radiotelescopios del observatorio funcionan en conjunto para identificar la luz invisible que emite el universo. Con esta información, los astrónomos crean las impresionantes imágenes que conocemos sobre la realidad interestelar, al suplantar los colores invisibles con aquellos que se encuentran dentro del espectro que podemos percibir.

 

El universo es como nosotros: nace, evoluciona y muere.
Dr. José Gallardo, astronómo chileno

Las antenas radiales del Sitio de Apoyo a las Operaciones de ALMA (OSF) se encuentran a 3 mil metros sobre el nivel del mar.

Foto: Sergio Izquierdo

 

En busca de nuestros orígenes cósmicos” es la consigna del observatorio. A casi cuatro años de su inauguración, el proyecto ha tenido un avance significativo en cuanto al conocimiento de la formación de estrellas, astroquímica, astrobiología, el origen del universo y su evolución.

“Hay un antes y un después de ALMA. El universo es como nosotros: nace, evoluciona y muere. Las etapas tempranas de la formación de una estrella emiten una luz muy tenue. Antes no podíamos ver este universo frío. Estábamos ciegos –dice el doctor José Gallardo, astrónomo chileno–. Lo que observamos hoy no se había observado jamás. Por primera vez estamos viendo, como un bebé que acaba de abrir los ojos al mundo”.

 

 

 

Este artículo es el primero de la serie “NG20ANIVERSARIO | Lo mejor de América Latina” con motivo del 20° aniversario de National Geographic en español, incluido en la edición impresa de Marzo 2017. 

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