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Religión y turismo se dan de la mano en Nueva York

Fecha: 2015-01-15

La pantalla gigante muestra una cuenta atrás en formato cinematográfico. Al llegar al cero, los acordes de una guitarra eléctrica irrumpen con fuerza mientras la cantante entona "Holy is the name of Jesus..." (Sagrado es el nombre de Jesús). El espectáculo de rock y fe ha comenzado.

En cada uno de los seis servicios que ofrece todos los domingos, la congregación Hillsong de Nueva York llena por completo el aforo del Manhattan Center, muy cerca de los conocidos grandes almacenes Macy's. En total acuden allí más de 5.000 fieles cada fin de semana, la inmensa mayoría jóvenes menores de 30 años.

En el escenario, junto a una cruz de luces de neón, un sofisticado sistema audiovisual con varias cámaras de televisión permite que los asistentes no se pierdan ni un detalle del espectáculo. Rodeado de una banda de música de 8 miembros más el coro, el pastor comienza su sermón mientras una guitarra eléctrica pone ritmo de fondo a sus palabras. Hoy habla de los principales problemas que sufren los miembros de la congregación: deudas, cáncer... y adicción al sexo.

Cuando llega el momento de citar la Biblia, una gran parte del público -pulcro, urbanita, moderno y heterogéneo- saca su libro electrónico o su teléfono inteligente y busca en él los versículos citados por su pastor. Casi al final de servicio, varios voluntarios reparten entre los asistentes unas cápsulas mono dosis de plástico que contienen un pedacito de pan y una pequeña cantidad de mosto de uva y que, llegado el momento de la eucaristía, hacen las veces de hostia y vino consagrado.

Hillsong, una iglesia pentecostal nacida en Australia hace más de tres décadas, encandila cada semana, con su estética moderna y urbana, a más de 100.000 fieles de Sídney, Los Ángeles, Kiev, Londres, París, Estocolmo, Copenhague, Nueva York o Barcelona.

Su sello discográfico homónimo es el más importante de la cristiandad en el mundo, con 16 millones de álbumes vendidos en más de 60 idiomas diferentes. Y en abril estrenará el documental "Hillsong- Let Hope Rise" (Dejemos que surja la Esperanza), rodada, en parte, con videos caseros de sus seguidores interpretando la canción "Mighty To Save".

Además, los servicios de Hillsong en Manhattan cuentan cada vez más con la asistencia de turistas que visitan la ciudad de los rascacielos, sumándose a otras emblemáticas paradas religiosas como las misas góspel del barrio de Harlem, la visita a las catedrales de San Patricio y San Juan el Divino o los paseos por los barrios de judíos ortodoxos.

"Las calles son un claro ejemplo de la mezcla de nacionalidades, culturas y religiones, que conviven con una armonía a veces asombrosa. La religión es muy visible en Nueva York y se trata siempre con mucho respeto y democracia", asegura el catalán Marc Tió, guía y responsable de la agencia de turismo Cap a Nova York.

Sus clientes solicitan sobre todo rutas con misas góspel, señala. Y sostiene que detrás del cliché de un grupo de afroamericanos vestidos con túnicas fucsias y cantando "Oh, Happy Day", éstas cumplen una misión en el barrio de cada iglesia, prestando un servicio a la comunidad y ayudando a los más necesitados. "Esto llama mucho la atención a los turistas, que se dan cuenta que es menos un espectáculo y más un lugar de paz y confort espiritual", subraya.

Y es que a pesar de la fama de ciudad impía y poco religiosa, las estadísticas demuestran que Nueva York es una de las urbes más practicantes de todo Estados Unidos (por encima incluso del grupo conocido como "Cinturón Bíblico" del centro) y la que ofrece un mayor y más intenso mosaico religioso de todo el país.

Según la empresa City-Data, más del 80 por ciento de los neoyorquinos se sienten identificados con alguna religión, y el estado de Nueva York es el quinto más creyente del país. Por credos, el catolicismo sigue siendo la religión predominante, por delante de judíos, protestantes, musulmanes y ortodoxos.

Harlem y sus iglesias góspel son probablemente la punta del iceberg de la transformación del turismo religioso en Nueva York. Hace 40 años se consideraba casi imposible que un turista se acercara a este barrio situado en torno a la calle 125, pero en la actualidad varias docenas de sus casi 350 iglesias están dentro del circuito del góspel y son visitadas por millones de turistas cada año, principalmente europeos y latinoamericanos.

Este cambio a nivel religioso experimentado en los últimos años por Nueva York es considerado por muchos como una revolución espiritual, y está siendo registrado por "Journey Through Religion in NYC" (Un viaje a través de la religión en la ciudad de Nueva York), una web sin ánimo de lucro creada en 2010 y que cuenta ya con 20 millones de visitas. Su objetivo: documentar el hecho religioso en la ciudad, procedente de cualquier culto, a través de fotografías, videos y entrevistas a líderes religiosos.

Para su director, Tony Carnes, el creciente interés del turismo por los temas religiosos se alimenta de la también creciente atención prestada a la arquitectura religiosa, los predicadores, los orígenes históricos de los diferentes cultos o las actividades culturales relacionadas con la fe. Como el White Light Festival del Lincoln Center, que muestra la capacidad de la música para "iluminar las múltiples dimensiones de nuestras vidas interiores", y que se celebra desde cada mes de octubre y noviembre desde 2010.

Otro acontecimiento a caballo entre la música y la religión es el del Solsticio de Invierno. Desde hace 35 años y protagonizado por el jazzista Paul Winter, este espectáculo de músicas espirituales del mundo se celebra en la imponente catedral neoyorquina de San Juan el Divino, una de las iglesias más grandes del mundo y situada a escasos metros de la Universidad de Columbia.

Es "una experiencia mística que da comienzo a una época de celebraciones, sin importar que se trate de Navidad, Janucá, Kwanzaa u otra festividad", apunta Ximena Ojeda, Directora de New York Latin Culture. "La celebración del Solsticio de Invierno es una de las celebraciones más antiguas de la humanidad y en Nueva York, cada diciembre, la gente sigue reuniéndose para buscar resguardo de la que para nuestros ancestros era la noche más oscura del año", explica.

Entre el 16 y el 24 de diciembre, el Empire State Building de Nueva York se iluminaba con los colores azul y blanco propios de la festividad judaica de Janucá, y su antena, de color dorado, simbolizada una vela encendida. El día de Nochebuena, y hasta el día 6 de enero, la iluminación del edificio daba paso al rojo y verde de la Navidad cristiana. En una ciudad acostumbrada a la heterogeneidad cultural y religiosa, uno de los símbolos de la ciudad no podía dejar de mostrar la armonía existente entre los diferentes credos.

 

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