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Ella es considerada una de las emperatrices más crueles de la historia.
 
 
Ella es considerada una de las emperatrices más crueles de la historia.
Foto: Biografías y Vidas
 
 

La emperatriz que le arrancó los ojos a su hijo para reinar

Autor: National Geographic Traveler Fecha: 2018-03-05

La emperatriz Irene ha pasado a la historia por un gesto de crueldad sin precedentes. Ella misma le quitó los ojos a su hijo para evitar que le arrebatara el trono de Bizancio. Irene gobernó con mano de hierro un imperio para hombres.

Hija de una influyente familia griega, era famosa por su hermosura y llegó al trono gracias a un “concurso de belleza”. Esto fue porque se había buscado en todos los rincones del imperio bizantino a las chicas más bellas para que una de ellas fuera seleccionada por el emperador Constantino V como esposa de su hijo mayor, el futuro León IV.

Constantino V consideró que Irene de 14 años era un buen partido y les dio su bendición. La boda se celebró en 769. Los recién casados inmediatamente fueron declarados coemperadores con Constantino, un procedimiento habitual para asegurar la herencia.

Esto era porque el marido de Irene, León IV, tenía cinco medios hermanos menores, los llamados césares, que eran hijos de la última esposa de Constantino. Por lo que, al  ser coemperadores se intentaba evitar que los césares conspiraran para quitarle el puesto al heredero.

En esta moneda aparece León IV y Constantino VI.

Foto: Panairjdde

En 771, Irene parió un hijo varón, a quien llamaron Constantino VI, en honor a su abuelo. Cinco años más tarde murió el viejo Constantino V.  León IV y su esposa asumieron todo el poder y coronaron a su pequeño hijo como coemperador. Para ese entonces, ya era un secreto a voces la mala relación que tenían los nuevos emperados y varios historiadores aseguran que nunca hicieron una vida de matrimonio.

La falta de otros hijos de la pareja despertó sospechas sobre las verdaderas intenciones de Irene, quien quería tener un control absoluto del gobierno.

Además, el reinado de León IV duró poco, ya que falleció casi 10 años después que su padre. Esta repentina muerte dio origen a ciertos rumores de envenenamiento de Irene, que tenía apenas 25 años. 

“¡Lo dejó morir!” “¡Ella lo envenenó!”, exclamaba el pueblo, refiriéndose a Irene.

Los hermanos de León se pusieron a conspirar para tomar el trono. Descubierta la conjura, Irene les mandó azotar y los obligó recluirse para siempre en un convento y, de vez en cuando, podían repartir la eucaristía como humildes monjes.

Irene era famosa por su hermosura.

Foto: Biografías y Vidas

Según el historiador Miguel Psellos, al cumplir la mayoría de edad Constantino VI ya estaba agobiado por la actitud de su madre y el palacio se convirtió en un verdadero campo de batalla. Se enfrascaron en una lucha donde Irene golpeaba y su hijo devolvía el golpe. Este conflicto se convirtió en un desastre para ambos.

Finalmente, Constantio VI encerró a Irene en un palacio para comenzar a reinar por derecho propio. Pero la paz duró poco y en 792 hizo algo que nadie se esparaba. Él permitió que su madre regresara a la corte y la nombró coemperatriz.

En cuanto Irene retomó las riendas del imperio, en 793, los césares intentaron una nueva conspiración para quitarle del trono. Esta vez la respuesta de la emperatriz fue tajante: el mayor, Nicéforo, fue cegado, y a los otros cuatro les cortaron la lengua.

Un par de años más tarde, Constantino VI, repudió a su esposa, María, y se casó con Teodota, una camarera de Irene. El grave problema fue que su segundo matrimonio fue considerado adúltero y escandaloso. Muchos aseguran que el primer matrimonio fracasó por culpa de su madre. 

En esta moneda aparece la figura únicamente de la emperatriz Irene.

Foto: Portal Fuenterrebollo

Constantino se vio tan perdido ante el control de su madre que intentó huir de Constantinopla y buscó reunirse con las tropas de los enemigos. Pero fue detenido por la emperatriz Irene y le ordenó un castigo sumamente cruel. Ella pidió que lo llevaran a la Cámara Pórfida del Palacio, justo donde ella lo había parido 26 años antes, y ordenó que le sacaran los ojos.  

La emperatriz Irene ordenó que le arrancaran los ojos en el mismo lugar en el que nació Constantino VI.

La sangrienta emperatriz que llegó al poder por su belleza era, al fin, libre para reinar. Irene, que tanto y tan ferozmente luchó por escapar de su identidad y su destino de mujer, hoy es recordada sobre todo como la madre que cegó a su propio hijo. Más información sobre esta parte de las historia en este enlace. 

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Vía: El País

 

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