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Fósil de opilión conserva una erección de 99 millones de años

Autor: Michael Greshko Fecha: 2016-02-04

Hace 99 millones de años, un primo de los opiliones modernos tuvo el mejor y el peor día de su vida en un árbol de la actual Birmania.

Transcurrida una pubertad de varios meses, el murgaño macho Halitherses grimaldii al fin había alcanzado la madurez, y estaba dotado de un pene que, en erección, alcanzaba casi la mitad de la longitud su cuerpo.

Conocemos el tamaño del “paquete” de este H. grimaldii en particular porque, como se informó recientemente en The Science of Nature, murió en estado de completa excitación cuando su amorío arbóreo fue interrumpido por resina que rezumó y sepultó su cuerpo en lo que ahora es un pedazo de ámbar.

“Debió estar en condición amatoria para exponerlo de esa manera”, dice Ron Clouse, del Museo Estadounidense de Historia Natural, quien no participó en el estudio. “Pobre animal”.

A diferencia de las arañas y los escorpiones machos, que usan patas modificadas para transferir paquetes de esperma a las hembras, la mayoría de los opiliones como H. grimaldii tienen penes de verdad, los cuales introducen en las aberturas genitales situadas junto a las partes bucales de las hembras.

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El fósil recién descrito es el primero cuyo pene puede observarse capturado en el ámbar, y según los científicos, es el espécimen mejor preservado que jamás se haya encontrado.

Foto: Jason Dunlop, Paul Selden & Gonzalo Giribet

Miembros antiguos

Estos arácnidos bien dotados han existido desde hace mucho tiempo, mordisqueando y hurgando la hojarasca durante más de 400 millones de años.

El largo historial de los arácnidos entusiasma a los científicos, porque si logran entender el árbol genealógico de los opiliones, podrían esclarecer cómo se diseminaron otras formas de vida en las cambiantes masas continentales de la Tierra antigua.

No obstante, la evolución ha hecho que muchos murgaños tengan el mismo aspecto, así que muchas veces es difícil establecer quién está emparentado con quién. “Es un embrollo”, afirma Clouse.

El líder del estudio, Jason Dunlop, del Museo de Historia Natural de Berlín, se ha dedicado a poner en orden ese embrollo, para lo cual busca y analiza fósiles de opiliones; sobre todo sus genitales.

“Las distintas familias, y hasta las especies [de murgaños] pueden tener un pene de forma característica”, informa. “De hecho, [los penes] muchas veces son más importantes que la forma del cuerpo y las patas”.

La importancia de la familia

El espécimen también es importante más allá de sus partes íntimas.

Para empezar, cuidadosos escaneos 3D y fotografías del fósil de H. grimaldii demuestran que la forma distintiva de su pene –desde la cabeza con forma de corazón hasta la punta torcida- difiere de otras especies, lo que sitúa al murgaño en una familia propia.

Esa misma propuesta la hizo Bill Shear, del Colegio Hampden-Sydney, en 2010, pero ahora el exquisito espécimen da nuevo peso a su análisis.

“Es gratificador que un grupo desconocido de animales –¡y fósiles!- renueven la atención”, dice Shear.

Las tenazas bucales del desdentado opilión también confirman que pertenece a un tipo de opilión rara vez encontrado, el cual fue recortado hace poco de una rama del árbol genealógico e injertado en otra, una modificación taxonómica importante.

Sin embargo, Dunlop concuerda en que el fósil aún plantea interrogantes. Para empezar, no había una hembra atrapada junto al infortunado H. grimaldii, lo que sugiere una trágica separación, o una agonía que, inadvertidamente, lo dejó excitado para la eternidad.

“Podría ser que el animal luchara al encontrarse atrapado en la resina del árbol”, comenta Dunlop, “y que eso ocasionara que su presión sanguínea se disparara y que el pene se proyectara accidentalmente”. ¡Ay!

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