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Málaga sorprendente

Un recorrido por el puerto andaluz por antonomasia, cuna de Picasso.

FECHA DE PUBLICACIÓN:2011-10-20     AUTOR: Theda Acha

Tras varios días de travesía y buen viento llegamos al puerto de Málaga una tarde de marzo. Aunque el puerto deportivo está en construcción, nos permitieron atracar el velero en una zona del puerto comercial.

Larios, la principal calle comercial, justo frente al muelle es ideal para ir de compras. Casi todo el casco histórico es peatonal. Hice una parada en el café Casa Aranda para desayunar unos churros con chocolate espeso. Recargué energías y llegué al museo Picasso a las 10 de la mañana (cuando lo abren) para evitar las hordas de turistas que van desembarcando de los cruceros. El museo tiene 233 obras que la familia del pintor conservó. El edificio fue un palacio renacentista del siglo XVI con influencias moriscas. Existen restos fenicios que se encontraron durante su reconstrucción.

Málaga, por su ubicación geográfica y puerto natural, siempre fue una ciudad marinera y comerciante; además de tener un clima privilegiado, no en vano es la capital de la Costa del Sol. Por lo mismo es una de las ciudades más visitadas de Europa, y es puerto obligado de paso para transatlánticos y cruceros por el Mediterráneo. Malaka, como se llamaba antiguamente, fue fundada por los fenicios en el siglo VIII a.C. Luego fue dominada por los romanos, por eso cuenta con un teatro romano. Más tarde fue controlada por los árabes, y posteriormente conquistada por los reyes Católicos.

La Málaga que vivió Picasso, empobrecida por años de terremotos, inundaciones y epidemias, está muy lejos de lo que es hoy: una ciudad próspera y moderna. Vale la pena visitar la casa natal de Picasso, con objetos y recuerdos personales, así como una recreación del estudio de su padre (también pintor) y exhibiciones. Al salir puedes comer en el Cortijo de Pepe, la típica tapería andaluza.

Pide una porra, es un especie de gazpacho espeso, con atún y huevo picado; unas croquetas, y una caña. Luego te puedes perder por las callejuelas del centro hasta, de nuevo, la calle Larios.

En mi segundo día hice la ruta histórica. Subí al castillo de Gibralfaro, donde están las mejores vistas de la ciudad, el puerto y la plaza de toros La Malagueta. Después visité la fortaleza musulmana del Alcazaba, hoy día museo arqueológico, pero lo que más me gustó fueron sus patios y jardines. Asómate por los ventanales y contempla su espléndida vista del mar Mediterráneo, al pie del teatro romano.

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