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Galápagos
El desfile de especies animales adaptadas a este archipiélago volcánico fascinó a Darwin.
La siguiente parada fue la Isla Española, (2) en la punta sur del archipiélago. En Punta Suárez cruzamos un sendero de rocas de lava donde anidan los pájaros bobos de patas azules. Estas aves son, quizá, las más fotografiadas y emblemáticas de las islas. Las vimos compartir sus casas de roca con las feas iguanas marinas que Darwin tiraba al agua una y otra vez para que nadaran de regreso a la orilla.
Siguiendo por el sendero, llegamos al sitio donde se encuentra la única colonia de albatros de las Galápagos, y observamos cómo bajaban en picada, cortando las olas, para pescar.
Por la tarde esnorqueleamos frente a una playa de arena blanca en la Bahía Gardner, (3) sobre la costa Este de la Isla Española. En una dirección pasaban tortugas y pingu?inos y, en la otra, iguanas marinas; todo esto al tiempo que enormes cardúmenes formaban túneles de colores brillantes a nuestro alrededor. De pronto me di cuenta de que un león marino jugueteaba con mis aletas.
Esa noche dormimos profundamente, mientras el barco se aproximaba a la siguiente isla, llamada Floreana. (4) Allí visitamos la Corona del Diablo, lugar al que las corrientes traen peces de todo el Pacífico, incluyendo rarezas como el pez murciélago de labios rojos, tiburones pelágicos y martillo, además de cientos de peces de arrecife, como peces ángel, mariposa, globo, perico, ídolos moros, rayas venenosas y morenas. En Punta Cormorán (5) hay una playa de agua verdosa -entintada por la acumulación de cristales minerales- y una playa blanca, en donde desova la tortuga verde.
Esa tarde en Floreana visitamos la Bahía del Correo, donde los tripulantes de los antiguos balleneros dejaron un barril de madera que hoy funciona como ventanilla postal: cualquiera que pase por allí puede dejar su correspondencia, que sólo llegará a su destino cuando otro visitante, procedente de ese sitio, decida recogerla y llevarla consigo.
Un poco más al Este, Isabela, (6) la más grande de las islas, de origen volcánico, sirve de hogar a diferentes especies de tortugas gigantes de tierra -cuya carne fue codiciada-, así como numerosas aves, entre ellas, los flamencos. También está el Muro de Lágrimas, que fue utilizado para torturar a los prisioneros, cuando la isla fungió como colonia penal a mediados del siglo XX.
Desde Isabela visitamos la pequeña Isla Rábida, (7) cuyas hermosas playas de arena roja sirven de hogar a una gran población de leones marinos.
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