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En la búsqueda del puma

Autor: Alex Macipe Fecha: 2017-06-16

El Parque Nacional Torres del Paine le debe su nombre a los tres picos graníticos que se asemejan a torres y son parte de la Cordillera Paine. En esta región de Chile pasan varios días y los encuentros con los pumas han sido muy buenos; el mejor hasta este momento fue el que tuve con una madre y sus dos cachorros de unos 8 meses de edad. Me llamó la atención el color rojo que uno de los pequeños tenía en su boca. A los pocos minutos entendí que era sangre fresca de un guanaco, presa de su cacería nocturna, que escondían entre las piedras que usaban como guarida.

A medida que pasaban las horas el clima de tensión era menor y las distancias disminuían pero la madre, fiel a su rol, no dejaba de observarme con otro tipo de mirada a través de sus afilados ojos amarillos que copiaban todos mis movimientos. Los pumas son animales solitarios porque a los 2 años dejan a su madre y, al igual que el estudiante que comienza la universidad, emprenden su propio camino. Pensé que aquel encuentro no podría superarse, pero la naturaleza, a modo de una obra de teatro, me guardaba lo mejor para el final. 

Este es nuestro último día y hace 4 horas que estamos esperando que despierte un ejemplar de gran tamaño que esta echado plácidamente dentro de unos matorrales. Se acerca la noche y estamos muy lejos del hotel. Un fotógrafo alemán llega con su guía y desconociendo las regulaciones del parque, y con la impaciencia propia por lograr una fotografía, comienza a acercarse al animal por uno de los costados de la densa vegetación. Algo no está bien.

Los fotógrafos en la naturaleza somos simples espectadores y debemos respetar las distancias prudenciales con los animales que exigen las regulaciones. Nuestro guía denunciará a las autoridades el accionar de este turista pero por el momento, no es seguro movernos demasiado y nos aconseja no hacer ruido. El animal, que comienza a incomodarse por el accionar de esta persona, seguramente se escapará por uno de los claros y será difícil tomarle una buena fotografía. Pero la naturaleza, como la vida misma, nos sorprende día a día y, contra todos los pronósticos, el felino, de bastante mal humor, sale de la vegetación que lo contiene y se dirige directamente hacia nosotros.

Roberto comienza a correr y a los gritos nos pide que nos vayamos para atrás, pero nuestras posibilidades de escape ante un eventual ataque son casi nulas por lo que decido agacharme y disparar mí maquina la mayor cantidad de veces. El puma, luego de unos segundos que parecieron largos minutos, desaparece como un fantasma. Puedo decir que ésta ha sido una experiencia adrenalínicamente única y, hasta en algún punto, algo peligrosa.

El animal nunca quiso atacarnos porque si no lo hubiese hecho. Calculo que sólo quería hacer honor a su tímida personalidad y huir de la presencia humana. Acabo de obtener los mejores registros fotográficos de todas las jornadas y que exceden ampliamente a lo que alguna vez me hubiese imaginado. Haber tenido un puma a solo 10 metros de distancia sucede una sola vez en la vida y responde a la pregunta que me hacia al ingresar al parque…

¿Encontraré al puma?

Afortunadamente sí. Nuestro paso por Torres de Paine está llegando a su fin pero el recorrido por la región de Magallanes recién comienza. Estamos muy emocionados con lo que vendrá y ya empiezo a descubrir lo cautivante de estas latitudes. No te pierdas mi fotogalería en este enlace. 

NO TE PIERDAS: Magallanes un destino cautivante. 

 

 

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