Magallanes: un destino cautivante

Publicado el día 01 de Junio del 2017, Por Alex Macipe

Conoces los hermosos animales y los parajes que esconde este lugar.

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Érase una vez un marino con muchas millas náuticas bajo la quilla, barba tupida y rasgos bien marcados que conocía su barco y el mar, mas que la ciudad en donde había nacido. Su descubrimiento cambiaría el rumbo del comercio, las guerras y la distribución de muchos territorios.

La expedición que comandaba estaba compuesta por 5 naves y partió desde Sevilla en 1520 y durante el cruce del Atlántico se detuvo en Tenerife, Rio de Janeiro, Buenos Aires y la Patagonia Argentina y Chilena. Hasta que en aguas bien australes hizo un alto en el itinerario porque pensó haber encontrado lo que había ido a buscar. Fernando de Magallanes estaba en lo cierto y fue quien descubrió el paso natural del Océano Atlántico al Océano Pacífico. 

La región del Estrecho de Magallanes que visité fue en la parte de Chile. En mi recorrido de norte a sur voy a visitar sus principales atractivos. El objetivo de Magallanes era encontrar el camino al Océano Pacífico, en cambio el mío es descubrir esta zona que ha sido motivo de muchas expediciones y conquistas. Salgo del aeropuerto, y con los guías de Far South Expeditions, empresa líder en este tipo de viajes, comenzamos nuestra aventura.

“Hay algo que me atrajo para venir pero no puedo descifrar que es”, pienso mientras cubrimos los 200 kilómetros al primer destino. Estamos ingresando al parque y me invaden varias sensaciones pero sólo tengo una pregunta, “¿encontraré al puma?”. Una vez en el Hotel Torres, que está dentro del parque, lo cual es una gran ventaja a la hora de ir en busca de fauna, dejamos nuestro equipamiento y disfrutamos de la cena. 

Al día siguiente salimos bien temprano porque el “león de la montaña”, como le dicen los locales, debe andar por allí. Roberto, nuestro guía con gran experiencia, nos enseña mucho sobre la realidad de estos felinos mientras maneja. “A diferencia de lo que la gente cree, los pumas no atacan a los humanos porque simplemente no formamos parte de su cadena alimenticia”, hace una breve pausa, me mira y sonríe.

“Cuando el puma entra en alguna estancia con sus cachorros para enseñarles a cazar, el estanciero defiende su ganado y mata a la madre, por lo que las crías quedan huérfanas y muy difícilmente podrán sobrevivir sin ella”, comenta con cierta nostalgia. De repente frena el auto, interrumpe la charla y toma sus binoculares…, “ahí hay uno” dice con gran énfasis, y sin perder tiempo vuelve a arrancar. 

Luego de algunos minutos llegamos al lugar, descendemos del auto y nos adentramos en la montaña con todo el peso del equipamiento sobre nuestros hombros pero no vemos nada, continuamos la búsqueda a pie hasta unos matorrales, y luego de revisarlos con cuidado, seguimos caminando por cientos de metros bajo una fuerte lluvia hasta llegar a unas grandes piedras, pero tampoco lo vemos. Comienzo a entender que encontrarlos, y tenerlos lo suficientemente cerca, no será tarea fácil. Durante nuestro regreso al hotel vemos a otro ejemplar de gran tamaño pero está muy lejos y medio oculto.

Bajamos nuevamente con las cámaras y pese al esfuerzo, las fotos no son de gran calidad por las limitaciones de luz y distancia, pero no me preocupo porque tenemos mucho tiempo por delante. Nuestro primer día que comenzó a las 04:30 horas, ha sido largo y cansado, pero por otro lado muy reconfortante y pese al cansancio y al cambio de aire, ya comienzo a sentirme como parte del paisaje y con el ritmo que necesito porque las próximas jornadas, nos demandarán un gran esfuerzo físico.

No te pierdas las espectaculares imágenes que tomó Alex Macipe en esta primera crónica en este enlace. 

NO TE PIERDAS: El impacto en la caza del puma.