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La Mamounia Hotel

El lujo, historia y paisaje integrados en un solo concepto

FECHA DE PUBLICACIÓN:2012-11-13     AUTOR: Michelle Meere

Desde hace casi un siglo, La Mamounia ha sido un oasis enclavado en la Medina, en Marrakech.

Ha atraído por igual a ricos y famosos, así como a aventureros. Winston Churchill vino a entregarse a su pasión por la pintura; Yves Saint Laurent solía recibir a sus amigos y la realeza se ha ocultado aquí de las miradas indiscretas.

Lo que más recuerdo de mi primer viaje a La Mamounia, 12 años atrás, son los aromas y los sonidos. El perfume a azahares floreando en el jardín, el sonido de las 27 fuentes distribuidas por la finca y las aves que consideran su hogar esta magnífica propiedad de siete hectáreas.

Esta atmósfera subsiste, después de la notable restauración de tres años, que culminó en 2009. Este hotel renace con una belleza internacional en la cual el jet set puede sentirse orgullosamente en casa.

Este que alguna vez fue la Gran Dama de los hoteles de Marrakech, ha sido restaurado hasta devolverle el esplendor que lo hizo famoso, conjuntando su historia con su presente y futuro, para reclamar su título de ?uno de los hoteles más grandiosos del mundo?.

Cruzar el arco de sus puertas es como adentrarse en otro mundo. El aroma a canela, azahares y palo de rosa te reciben. Al dejar atrás a los porteros con sus túnicas blancas y su desenfadado fez rojo para dirigirte al área de la recepción, te asalta lo que bien puede describirse como una grandeza opulenta en estado puro.

El registro es privado, y así, envuelto como estás en una glamorosa calma, es casi imposible imaginar que apenas al otro lado de las puertas, la vida en la Medina de Marrakech transcurre aceleradamente, por lo general en dos ruedas, en menos de cinco minutos estarás en Jemma Elfna, rodeado de la gente que se dirige en masa al corazón y el espíritu de la ciudad.

En el gran zoco antiguo todavía puedes encontrar narradores de cuentos, encantadores de serpientes, monos que saltan de niño en niño, burros cargados de mercancías y la gran Mezquita Koutoubia, con sus minaretes de 67 metros de altura que hacen que todo a su alrededor se empequeñezca.

En efecto, afuera, entre el ruido, los olores y el polvo del mundo exterior, la tranquila perfección de La Mamounia parece un pequeño milagro.

Como todo en el hotel, las habitaciones tienen un glamour exótico que es a la vez moderno, sin dejar de ser completamente marroquí. Los tradicionales pisos de losetas, las paredes recubiertas de intrincados azulejos y el estuco hermosamente tallado (llamado Gebs) se trasladan sin problemas al presente.

La televisión desaparece en el interior de un buró revestido de piel, y los baños tienen todos los accesorios posibles.

También puedes contratar una villa privada en la propiedad, la cual tiene su propia piscina y dos dormitorios, todo ello con el máximo lujo. Los magníficos artesanos de la zona fueron contratados para trabajar cada uno de los elementos de la propiedad y, desde tu veranda, cuya vista se extiende más allá de la alberca de mármol italiano blanco que brilla como un arcoíris bajo el sol, hasta los Montes Atlas, puedes atestiguar que lo hicieron a la perfección.

El spa de 2500 metros cuadrados que luce mayólica pintada de azul, posee no sólo una piscina climatizada, jacuzzi, nueve cabinas de tratamiento y tres baños turcos, sino también unas vistas al viejo muro de la Medina, que data del siglo XI.

Hay un pequeño spa que se mantiene separado y resulta perfecto para las numerosas celebridades o miembros de la realeza que acuden aquí y requieren cierta privacidad.

No es ninguna sorpresa que, dados los estándares de todo lo que te rodea, los restaurantes sean de clase mundial.

Tanto el italiano como el francés han recibido dos estrellas Michelin cada uno, mientras que el marroquí es precioso y ofrece una comida excelente. El desayuno se sirve junto a la piscina y el bufet es variado y abundante; también ofrecen un almuerzo informal, con alimentos que pueden tomarse con los dedos, que resulta perfecto para pasar el día a gusto en un ambiente casual en la alberca, antes de que los huéspedes, de lo más chic, bajen a los restaurantes y los bares por la noche.

Con todo y la belleza del hotel, siguen siendo los jardines lo que hace a La Mamounia tan especial. Al fin y al cabo son los más grandes dentro de los muros de la Medina, y mientras sus antiquísimos olivos prosperan, los azahares de los naranjos despiden constantemente un dulce perfume.

Las cocinas cultivan un jardín de hierbas y vegetales, y en lo que paseas por ahí te encontrarás con un gimnasio equipado con lo último, canchas de arcilla para tenis y mesas de ping pong entre los jardines.

Originalmente La Mamounia fue el jardín que un sultán obsequió a su hijo cuando este estaba por casarse, y ¿qué más podría haber necesitado un hombre que lo tenía todo, que un lugar donde, en medio de la locura, pudiera hallar paz, tranquilidad y silencio? Este es el espíritu que pervive en el hotel y que lo convierte en la combinación perfecta de glamour por todo lo alto y un apacible esplendor.

El lujo eterno

Habitaciones desde 600 hasta 10,000 euros por noche. Avenida Bab Jdid 40 040 Marrakech Tel. (212) 524 388 600 informations@mamounia.com

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