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No todo es inglés en India

La importancia de manejar las lenguas locales y de no hacerlo.

FECHA DE PUBLICACIÓN:2013-02-25     AUTOR: Témoris Grecko

La introducción más veloz al llegar a India tiene un carácter notafílico: la inscripción de los billetes está a simple vista en el alfabeto latino, pero al bajar la vista aparece la misma leyenda en hindi, marathi, bengalí, tamil, árabe, hasta sumar once lenguas, con un sistema gráfico propio.

Así nos dice India "namaste", palabra que prefiere quienes hablan hindi. Los bengalíes del oriente preferirán "nomoskar". En el sureste, los tamiles todavía optan por "vangaa". En numerosos lugares de este vasto mundo al pie de los Himalaya, en cambio, será bien recibido un "salaam aleikum" (la paz sea contigo).

Mucha gente aún confunde indio con hindú (seguidor del hinduismo). El principal partido de la oposición quisiera hacer de India un país hindú, lo cual ha desatado conflictos. Y muchos políticos de habla hindi quisieran imponerla como idioma oficial primario. 

Como en cualquier nación, en los distintos estados indios siempre conviene aprender algunas frases clave que nos granjearán simpatías y sacarán de problemas: saludos, agradecimientos, cortesías, despedidas, y, bueno, algo que no olvido -aunque sea casi totalmente inútil en un país donde el alcohol es impopular- es cómo beber a la salud del otro, por supuesto.

Recuerdo la anécdota de un conductor de auto-rickshaw en Pune, que en lugar de conducir directamente al sitio que le dije, me llevó a dar un paseo no solicitado y quiso cobrarme una cantidad ridícula. En medio de la discusión, de forma muy agresiva, abandonó su mal inglés y se puso a insultarme en marathi.

Asumía que yo, como extranjero, sólo hablaría inglés, me sentiría abrumado ante su perorata y me rendiría. Deberían haber visto su cara cuando le respondí en lengua castellana.

No es que él pudiera comprender de súbito lo que es el albur, el efecto que yo buscaba, sin embargo, era de brutalidad auditiva. Y lo conseguí: en su desconcierto, dejó de hablar, aceptó el pago correcto que le estaba dando y me vio irme.

Cuando volvió a abrir la boca, yo ya estaba del otro lado de la avenida.

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