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Rápido y furioso

Navega por el río más caudaloso de México, que se extiende por los estados de Tabasco y Chiapas, además de Guatemala

FECHA DE PUBLICACIÓN:2012-10-11     AUTOR: Redacción

Si fuera posible viajar en el tiempo al navegar el río Usumacinta, nos llevaría a recorrer la historia de la cultura maya. A lo largo del trayecto observaríamos remeros mayas transportando algodón, sal, obsidiana, jade y ámbar, entre otros objetos.

Sin embargo, hoy día esta travesía aún nos muestra a una cultura maya viva y su mestizaje, sobre todo nos invita a disfrutar de la naturaleza. Usumacinta significa Mono Sagrado y es el río mas caudaloso de México, nace en la desembocadura de los ríos Lacantún, Salinas-Chixoy y La Pasión, desciende formando una frontera natural entre Guatemala y Chiapas y corre hasta alcanzar su desembocadura en el Golfo de México.

Hacer rafting en este río es una de las expediciones más espectaculares del mundo, no sólo por la furia de las aguas, sino por los sitios arqueológicos que se pueden visitar: Yaxchilán, en Chiapas; Piedras Negras, en Guatemala; Pomoná, Panhalé, Reforma y Jonuta, en Tabasco, así como paisajes espectaculares como la cascada de Busilhá, la Reserva de El Lacandón y el Cañón de San José.

La mejor época para hacer este descenso es la estación seca, aún en esta el volumen de agua y los remolinos son apabullantes; es importante hacer el descenso con un guía experto de la zona.

La expedición empieza en Frontera Corozal, en Chiapas, el único punto de acceso por tierra al río Usumacinta. En este punto subimos todo nuestro equipo a las balsas para comenzar la bajada.

Primera parada

Acampar en Yaxchilán es una experiencia que combina playa y arqueología. Se cree que esta ciudad, cuyo nombre significa ?Piedras Verdes?, controló el área del río Usumacinta durante un largo tiempo, además dominó Bonampak y fue rival de Palenque.

Aprovecha y visita el Edificio 19, una vez que logres salir de su laberinto ya famoso, accederás a la Gran Plaza. No dejes de visitar la Gran Acrópolis, la Acrópolis Pequeña y la Acrópolis Sur, en algunas de sus construcciones podrás observar dinteles que narran su historia. Por si fuera poco, disfrutarás de los sonidos de la selva, como los monos saraguatos.

Al día siguiente continuamos el descenso rumbo a la ciudad de Piedras Negras, ubicada en el Parque Nacional Sierra del Lacandón, en Guatemala. Para llegar a las ruinas hay que detenerse en un retén del ejército guatemalteco y luego caminar dos horas por la selva hasta llegar a este sitio arqueológico. Aquí visita los dos juegos de pelota y maravíllate con sus estelas.

Es necesario descansar en esta parada y levantarse al amanecer para continuar con la navegación rumbo a las cascadas del Busilhá. Este es uno de los paisajes más espectaculares que he visto: el río Busilhá nace en la confluencia del río Lacantún y los ríos Pasión y Salinas para, finalmente, desembocar en el río Usumacinta, formando una serie de cascadas de unos 20 metros de altura que caen acariciando rocas calcáreas enormes. La vista es tan hermosa que es un deber quedarse un día para disfrutarla.

Territorio tabasqueño

Después de las cascadas de Busilhá, el Usumacinta se interna por el territorio tabasqueño a través del cañón de San José, de 200 metros de ancho y cinco kilómetros de largo. Aquí, según los lacandones, es el hogar del dios Yantho, hermano mayor del dios Nohotsakyum, que habita en el río Usumacinta, en lo alto de los riscos próximos a Tenosique, donde vive el dios del fuego Qaq.

Acompañados de estas divinidades lacandonas continuamos el periplo por los rápidos del Usumacinta; durante la colonia muchas embarcaciones perecieron en esta aguas, desde entonces se le teme al rápido llamado ?Cola del Diablo?.

Afortunadamente lo esquivamos sin contratiempos para llegar a Boca del Cerro, en Tenosique, que en maya significa: casa del deshilador o del hilandero. En esta región se integra el sistema de ríos Grijalva-Usumacinta, quizá por ello cuenta con numerosos atractivos ecoturísticos.

Cerca de Santo Tomás visita la lagunade San Marcos, las grutas de Na Choj o cueva del tigre, el Cerro de la Ventana, la zona arqueológica de Santo Tomás y los cenotes de Aktun Ha y Ya Ax Ha. Esta región también es ideal para caminatas, paseos en bicicleta de montaña y cabalgatas (existe una caminata hasta la zona arqueológica de Piedras Negras en Guatemala).

Esta parada merece más de un día, ya que hay que visitar las zonas arqueológicas de Panhalé, allí había un mirador desde donde los mayas solían vigilar las embarcaciones que transitaban el Usumacinta.

A 24 kilómetros está Pomoná, nuestra siguiente parada, debido a su localización, en la cuenca del Usumacinta, jugó un papel estratégico: fue el paso de los viajes hacia las llanuras costeras del siglo XVII al X. Aquí está la famosa inscripción que vaticina el fin de una era.

Otra parada obligada es el Balancán, donde debes visitar el sitio arqueológico de Reforma, aún poco explorado, pero de una belleza monumental.

A sólo dos kilómetros está la Reserva Ecológica Cascadas de Reforma, hogar de 325 especies, entre las que sobresalen: el gavilán caracolero, águila pescadora, trogón pechiamarillo, carpintero grande, loro coriblanco, la boa constrictor y el tigrillo, por mencionar algunos. Otro atractivo son las cascadas Tasiste, El Imperio, El Chile y La Botica, ideales para un chapuzón, si deseas quedarte unos días, es posible ya que hay cabañas.

La última parada de la travesía es el poblado de Emiliano Zapata, también es el pretexto para explorar el río Chacamax, donde te sorprenderás al ver monos saraguatos, águilas, garzas, cormoranes e iguanas gigantes, a las que los lugareños llaman garrobos. Con este paisaje termina la travesía por el Usumacinta.

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