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Universo Palermo

Moda, gastronomía, arte y diseño se concentran en este barrio de Buenos Aires como en ningún otro. Turistas y locales serpentean por sus calles de la mañana a la noche.

FECHA DE PUBLICACIÓN:2011-07-29     AUTOR: Silvina Pini

El barrio de Palermo expresa la superposición de épocas, cada unaconsuestilo, suspersonajes e historias. Ubicado en la zona norte de la ciudad, fue escenario de buena parte del comienzo de la Argentina como país. En los que hoy se conocen como los bosques de Palermo, aunque su nombre en las guías es (1) Parque Tres de Febrero, tuvo su residencia Juan Manuel de Rosas durante sus años de presidencia entre 1835 y 1852. Y fue otro presidente, Domingo Sarmiento, quien a fines del siglo XIX la convirtió en espacio verde al mismo tiempo que creaba en los terrenos lindantes el zoológico y el jardín botánico.

A comienzos del XX, fue tierra de tango, futbol y turf, ya que el hipódromo está a pocas cuadras. De esa época de discusiones calientes quedaron varias historias de cuchilleros que limaron diferencias a puro filo. Esto lo retrató el poeta Evaristo Carriego, que vivió en (2) la calle Honduras 3784, hoy arteria principal del barrio, y a quien otro vecino ilustre, Jorge Luis Borges, le dedicara un ensayo clave ensuobra.Borges vivió desde 1901 en (3) la calle Serrano 2135, entre Guatemala y Paraguay, en una típica casona que marcaría su literatura. Hoy Serrano es la calle Borges y en la intersección con Honduras está la Plaza Cortázar, corazón de un Palermo cool que arde de jóvenes y turistas.

Palermo nunca fue parte de la aristocracia porteña. Aquí no se edificaron esos petit hotels de arquitectura afrancesada sino las llamadas "casas chorizo", tres ambientes, uno detrás del otro, con galería y patio. Hoy esas nobles casas de pisos de pinotea y puertas de cinco metros de alto, ya no vigilan el sueño de una familia de trabajadores, sino que son el refugio creativo de un diseñador de ropa, de un escultor o un bar.

En la década de los ochenta artistas y profesionales jóvenes se instalaron en el barrio atraídos por sus casas, tranquilidad, arboleda añosa, por la cercanía al centro y ¡por sus precios! Se podía ver arquitectos, pintores, músicos, escritores y bailarines, como Julio Bocca, desayunando al sol un domingo con su perro en la vereda. Este público ávido de vanguardia pedía bares atípicos, descontracturados, tiendas de ropa y de objetos hechos por gente de carne y hueso con quien hablar. Así se fue construyendo el espíritu bohemio y relajado que le valió la comparación con el Soho neoyorkino. Hoy se lo conoce como Palermo Soho y sus límites bien claros con las calles Scalabrini Ortiz, Godoy Cruz, Paraguay y la avenida Córdoba.

Pero el barrio tiene un mellizo igual de concurrido, Palermo Hollywood que comienza cruzando las vías y la avenida Juan B Justo, por donde el siglo pasado corría un arroyo que calmaba la sed de los caballos. Allí, en los años noventa, se fueron instalando productoras de cine, de música y agencias de publicidad. Y para alimentar a esta horda de trabajadores de la imagen y el sonido que en vez de saco y corbata llevan piercings y una "compu" en la mochila, abrieron decenas de bares y restaurantes que, sumados a los de Palermo Soho, alcanzan la delirante cifra de 800. Ya no van sólo los creativos publicitarios y sus proveedores, sino turistas y porteños de otros barrios atraídos por lo que se ha convertido en la Babel de todas las cocinas y estilos: japoneses como Dashi, vietnamitas como Sudestada, peruanos como Ceviche y Paru, italianos como Da Donato, de sandwiches gourmet, orgánicos como Arevalito y Kimbombó, de autor como Hernán Gippone, parrillas como La Cabrera, elegantísimos franceses como Cluny y de fusión francesa-japonesa como To, con sofisticadas mesas de Noguchi, un kaitén y una carta de vinos extensísima. Los jueves a la noche ofrecen descuentos a mesas de mujeres solas; pasadas las nueve de la noche, es imposible conseguir mesa sin reservación previa.




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