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48 horas en Tánger

Tánger al aire libre: la vista, las calles, la contemplación.

FECHA DE PUBLICACIÓN:2011-10-19     AUTOR: Carla Faesler

Ármate de un mapa y empieza en la medina, la antigua ciudad amurallada. Lo primero, un té de menta con panecillos en el Café Central -domicilio conocido, pregunta- en el petit socco (consejo: pide siempre el azúcar aparte, los marroquíes exageran un poco con lo dulce). Estás en el centro de la ciudad, lugar legendario en donde escritores como William Burroughs, Jack Keruac, Allen Ginsberg, Paul Bowles  -por supuesto- se sentaron a imaginar las historias que se trenzan entre la gente que pasa. Lee el periódico, escribe en tu libreta las impresiones que te causa esta placita llena de turistas y locales. Tiendas, gente, movimiento constante.

Ya lo sabes, Tánger es inclasificable, no es África, no es Europa, es Tánger: una de las ciudades más cosmopolita, en donde se hablan de manera indistinta español, francés e inglés. Es un lugar de paso, de constante movimiento, y al mismo tiempo, las cerca de 700 mil personas que viven ahí tienen su arraigo e historia.

Tánger: movimiento y quietud. Inicia tu recorrido en la kasbha, la parte más alta de la urbe. Desde el petit socco, camina entre las calles siempre subiendo, tus ojos no descansan de tanto que hay para ver. La kasbha es un lugar estratégico desde el punto de vista militar pues tiene visibilidad total del frente marino y tierra adentro.

Es también un barrio habitado por mucha gente en edificaciones de particular arquitectura cuyo espacio es aprovechado de la manera más eficaz: riads (casas) que crecen hacia arriba sobre superficies a veces de una sola habitación. La kasbha es un deleite laberíntico en el que uno quiere perderse. Cada uno de los vericuetos es una vista nueva, una textura nueva, un color inesperado.

Pregunta por el Museo Dar el Makhzen (entrada 10 dírhams) para que imagines la vida de un sultán y de paso aprecies una muy buena colección de arte marroquí y un jardín estilo Andaluz. Al salir busca alguna de las puertas de la muralla y camina por la parte exterior de la kasbha.

Para comer, uno de los lugares más agradables es el Marhaba Palace en rue de la kasbha cerca de la puerta principal de la muralla. La decoración tradicional es alegre y el servicio, hospitalario. Hay música en vivo y venden cerveza, cosa poco común en Marruecos, aprovecha.

Cuando termines dirígete a la calle de la kasbha, saliendo a la izquierda para ir hacia el frente marino custodiado por las tumbas fenicias, uno de los sitios más bellos de Tánger. Ahí la gente se sienta a contemplar el mar. A lo lejos, una franja gris acerado entre la neblina: España.

Todos observan el horizonte. Todos se quedan absortos en la belleza de este paisaje. No se sabe si en verdad estas cavidades rectangulares son tumbas fenicias, pero así se les llama. De ahí, ve al mítico Café Hafa (Ave. Mohammed Tazi s/n). Durante décadas ha sido el punto de reunión de personajes famosos de todo el mundo.

El lugar tiene una serie de terrazas hacia el estrecho (uno no se cansa jamás de ver el Mediterráneo) que están en desnivel. Aquí también se reúnen los jóvenes de Tánger a tomar té y a cantar, no es extraño que haya dos o tres mesas donde las guitarras interpretan canciones populares marroquíes o europeas.

Cuando hayas terminado con la vista, desciende hacia la medina por el interior de la muralla para que descubras otras callecitas, otras tiendas. Hay que demorarse viendo todo tipo de artículos y curiosidades, platicar con los vendedores, regatear. Recuerda que Marruecos es el paraíso de las alfombras y no te puedes ir sin una. Hay para distintos presupuestos y tamaño de maleta.

Un centro cultural muy trendy y un restaurante casero

Ya entrada la tarde enfila hacia el Gran Socco, la plaza principal de Tánger. Si ya estás algo cansado de vendedores, regateos, ofertas y contraofertas y ya te probaste todas las babuchas y los caftanes, lo que necesitas es un lugar tranquilo.

Afortunadamente existe la Cinematèque de Tanger (Place du 9 Avril 1947, www.cinemathequedetanger.com), punto de reunión de estudiantes e intelectuales. En el área de café sirven botanas ligeras y refrescos, sin faltar, por supuesto, el jugo de naranja, bebida refrescante muy apreciada en este país.

No te quedes sin probarlo porque de veras esas frutas tienen un gusto especial aquí. Aprovecha para conectarte y revisar tus mensajes, el internet es gratis si consumes algo. Al fondo del lugar hay una biblioteca y videoteca especializada en cine marroquí. Lo más atractivo es que entres a la gran sala -el otrora famoso cine Riff- y veas lo que están proyectando en cartelera.

La selección es muy buena. Saliendo del cine, no te puedes perder uno de los mejores restaurantes caseros del mundo: Restaurant Populaire Saveur (Escalier Waller 2, Ville Nouvelle), al lado de la cinemateca, a unos metros subiendo del lado opuesto de la medina del Gran Socco. En este lugar el menú es fijo, por lo que tú nada más tienes que sentarte y esperar a que sucesivamente te traigan toda suerte de viandas y elíxires exquisitos.

Pescado frito o guisado, verduras hechas de maneras que seguro no conoces, un enigmático jugo de frutas -sobresale el sabor de la ciruela- son algunas de las delicias que probarás. Termina el día paseando alrededor del Gran Socco entre las decenas de puestitos callejeros.

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