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São Paulo, la indomable

Comparable a Nueva York, la capital económica de Brasil es una megalópolis que marca tendencias.

FECHA DE PUBLICACIÓN:2011-03-01     AUTOR: Silvina Pini

Llegar a São Paulo es no terminar de llegar nunca. La ciudad parece no tener orilla y extenderse hasta el infinito. Tiene dos aeropuertos: el internacional Guarulhos ?a 40 kilómetros?, y Congonhas ?en pleno centro? para los vuelos domésticos. Conviene tomar el ómnibus de la compañía aérea Gol que conecta ambos aeropuertos sin costo. El centro neurálgico de la metrópoli, con sus edificios públicos, plaza y catedral, está rodeado de muchos otros centros con sus torres impresionantes, plazas, negocios, oficinas, tiendas, congestión de tránsito y un gentío incesante. São Paulo es la octava área urbana más grande del mundo y la primera sensación puede apabullar. No es un amor a primera vista porque ese mapa provisorio que uno se va armando en la cabeza cuando llega a una ciudad desconocida, aquí es un rompecabezas al que siempre le faltan piezas. Sin embargo, ese sentimiento inicial de estar abrumado va dejando paso a otro adrenalínico: aquí ocurre de todo y mucho.

Antes de ir a los restaurantes, a los museos, tiendas y galerías de arte, São Paulo habla desde sus paredes: el arte callejero explota de color como en ningún otro sitio, no sólo en muros sino en edificios enteros que están grafiteados desde el primero al último piso. Los grafiteros trabajan en grupo y unos sujetan de los pies a otros con el cuerpo cabeza abajo. Os Gêmeos, Boleta, Ya, Flip, Speto, Mea son algunos de los más conocidos y en su arte se aprecia la influencia japonesa, las raíces africanas y la marca portuguesa. Aunque es una actividad ilegal, son reconocidos como artistas urbanos y nadie se molesta si su casa es pintada, al contrario. La calidad y variedad de estilos transforman a la urbe en una galería de arte a cielo abierto que se disfruta especialmente en la callecitas Gonçalo Alfonso y Beco do Batman, en el barrio Vila Madalena. Trasladarse en São Paulo no es sencillo: las distancias son largas, es común el tráfico. Aunque cara, tomar un taxi es la mejor opción y por eso lo óptimo es planificar el día con puntos de interés próximos entre sí.

Centro antiguo. La ciudad está organizada por barrios. Un buen plan para el primer día es recorrer el centro, desde la avenida Paulista y hasta la calle Oscar Freire, donde están las tiendas más exclusivas y los restaurantes. La Praça da Sé es la principal de la zona antigua. Aquí está la catedral de estilo gótico con capacidad para ocho mil personas y el detalle tropical de las palmeras. Entre semana las calles aledañas bullen de oficinistas que desayunan en Café Pelé, dedicado al gran jugador de futbol o en la centena de lanchonettes donde plátano, piñas, mangos, naranjas y sandías decoran las barras, como si los colores de los grafitis se repitieran ahora allí.

En el encuentro de las avenidas Ipiranga y São Luis, está el edificio Copan, con forma de "S", diseñado por el arquitecto brasileño Óscar Niemeyer. Otra atracción es el Mercado Municipal, un antiguo edificio con importantes bóvedas y vitrales, que ofrece una postal de los productos frescos del país. Cuenta puestos donde debes comer un sándwich de mortadela o un pastel de bacalao, dos bocados típicos. A pocas cuadras está el edificio Altino Arantes desde cuya terraza se obtiene una vista panorámica privilegiada. Un breve recorrido en taxi nos lleva a la avenida Paulista donde está el Museo de Arte de São Paulo (MASP) y varios edificios emblemáticos. El MASP cuenta con una asombrosa colección de arte internacional. Debajo de su colosal edificio, sostenido entre dos enormes pórticos, los fines de semana los paulistas se reúnen para bailar, oír música y conversar.

La avenida Nove de Julho conduce al barrio Jardins donde está Óscar Freire, la calle que concentra las tiendas de diseño brasileño como Osklen, Alexandre Herchcovitch, Forum, Ellus, NK Store y Sergio K.

Y si sus diseñadores abren tiendas en Roma o Nueva York, los cocineros paulistas señalan el camino de la gastronomía en la región. En Jardins, el chef Alex Atala, abrió dos restaurantes, DOM, el único latinoamericano clasificado en la lista San Pellegrino en el número 24, y Dalva e Dito. Atala ha construido una cocina de autor con los ingredientes de su país y la cultura regional. Así es como en DOM (Dominus, Optimus, Maximus), Atala ofrece el Menú do Reino Vegetal de siete pasos, acompañado por siete aguas, jugos y esencias de frutas, la mayoría conocidas sólo en Brasil como el cambuci, bacuri, alecrim o pitanga. También hay otros menús de degustación de cuatro y ocho pasos que incluyen platos como raya a la manteca con tomillo limón, yuca, brócolis y espuma de maní y ostras empanadas con tapioca. En Dalva e Dito se acentúa más la impronta brasileña en un ambiente y precios más relajados.

Aquí está también uno de los mejores restaurantes de cocina japonesa: Kinoshita, a cargo del chef nacido en Japón, Tsuyoshi Murakami, un lugar ideal para terminar el día. La ambientación es exquisita y comer en la barra permite admirar el ballet de cocineros que preparan platos delicados con obsesión de joyeros.

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