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De Carmel a San Francisco por la Ruta 1

Esta ya mítica carretera, es una travesía entre las montañas y el mar, donde la constante son los acantilados, que forman paisajes de ensueño

FECHA DE PUBLICACIÓN:2012-07-05     AUTOR: Javier Martínez Staines

Cae la noche y viene un gozo casi privado cuando uno está frente a un mar de hombres. Nos acompaña una lluvia
ligera. Neblina, viento y frío.

Ahí está presente toda la mezcla masculina en la apacible Monterey, en la costa central californiana, sitio ideal para pernoctar.

Pese a sus paradojas (la mitad del pueblo es un tourist trap, mientras que el centro, quizá por su farmer?s market, cobra autenticidad), Monterey vale la visita.

Además de su acuario; de Cannery Row, calle donde el siglo pasado se encontraban decenas de empacadoras de  sardinas, hoy convertidas en hoteles, restaurantes y boutiques; y del Fisherman?s Wharf, trampilla para turistas donde todos los locales ofrecen ?el mejor? clam chowder de la región, es la noche la que nos obsequia el clímax: el restaurante Montrio tiene un menú que no defrauda al paladar.

Al amanecer, el mar ha vuelto a tomar su dimensión femenina, con un sol radiante: azul, claridad y paz. Es el momento perfecto para montar a las bicicletas y seguir la ruta trazada por la costa, rumbo al faro. Son apenas unos ocho kilómetros, de ida y vuelta, perfectos para aflojar el cuerpo, detenerse a tomar fotos, mirar leones marinos, tomarse un café helado y respirar el aire matutino.

Los estadounidenses son los reyes de convertir cualquier cosa en un pasaje turístico. Un local bien intencionado nos dice que nos podemos ahorrar unos dólares si al conducir hacia Carmel evitamos el camino turístico que se promueve como el ?17-mile drive?. De cualquier manera, esta pequeña península incluye vistas que quitan el aliento.

Para quienes venimos del trópico, tan generoso en playas, la mezcla de las montañas boscosas y el mar crea estampas visuales de sintonía romántica.

Si nuestra alma es cursi... pues manejar por Lighthouse Avenue, Sunset Drive y Pacific Grove Highway es una experiencia sublime.

Por vocación evadimos Pebbles Beach y llegamos directo a Carmel-by-the-sea, el pueblo que se hiciera famoso cuando Clint Eastwood fuera su alcalde. De trazo perfecto y cara al mar, tiene tres o cuatro calles donde se concentran tiendas, galerías de arte, cafés y restaurantes.

Elegimos La Bicyclette, un bistró francés, atendido por dueñas europeas y que resulta suculento. Luego de visitar la Misión de Carmel, la más notable construcción de los franciscanos en la península, nos dirigimos a la California 1, con destino a San Francisco.

Si hubiese que ponerle una canción a la elección, esta sería Take the long home, de Supertramp. Si bien la inversion de tiempo es mayor que si uno tomara el freeway, cada minuto de más es añadirle poesía al trayecto.

Tras bordear Monterey y Sand City (sí, hace honor a su nombre, pues es un pueblo casi enterrado entre las dunas), la 1 es una serpiente que acaricia el mar centenas de veces en el camino hacia el norte.

De pronto estamos en un espeso bosque (a la altura del Moss Landing State Wildlife Area y el Elicott Slough National Wildlife Refuge), luego otra vez sobre unos acantilados en cuyas paredes el mar rompe con fuerza.

Si la intención es cambiar estos paisajes por el corredor tecnológico del Silicon Valley, Santa Cruz es la última opción para girar hacia la derecha, rumbo a San José, Cupertino, Mountain View y Palo Alto, las ciudades que le añadieron el puntocom al mundo. Optamos por la 1 hacia San Francisco.

Elección sabia, porque es a partir de Santa Cruz que la carretera y el mar se unen en un matrimonio sin ruptura y, por fin, fuera de algunos personajes osados que se cruzan el camino con su tabla de surfear, se puede descansar un rato ?50 a 60 kilómetros? de las huellas de la civilización. Una ruta entre el mar y las montañas, en pleno centro de California, con la sensación de estar en medio de la nada. Quedan pocos privilegios así.

Tras pasar por las colonias de mamíferos marinos de Año Nuevo State Reserve y el faro histórico de Pigeon Point, la civilización vuelve en Half Moon Bay, donde llegan los cafés como refacción para el último tramo.

Ya con la cercanía del atardecer, el pie se recarga un poco más al acelerador, justo a la altura de Daly City, donde la 1 se fusiona con la 280.

Unos minutos después estamos en el Parque del Presidio, justo debajo del Golden Gate. Bajamos del auto justo en el crepúsculo. Lo demás es silencio.

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