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A rienda suelta | Por las Baleares en velero

Famoso por su fiesta eterna, el archipiélago Balear, en aguas españolas, es además rico en historia

FECHA DE PUBLICACIÓN:2012-04-19     AUTOR: Theda Acha

Las islas Baleares sería nuestro próximo destino, considerado uno de los lugares más bellos para la navegación a vela. Cinco islas conforman el archipiélago Balear, perteneciente a España: Ibiza, la más conocida; Formentera, Cabrera, Mallorca y Menorca.

Salimos de Alicante, navegamos diez horas con viento a favor, y la primera parada fue Ibiza, Eivissa en catalán, la isla más cercana a la península ibérica. Famosa por su vida nocturna, fiestas desenfrenadas e historias de hippies de los 60.

También es famosa por sus playas de arena blanca y aguas turquesas, así como espectaculares calas accesibles sólo por mar y su belleza natural.

Llegamos al amanecer y la luz empapó el islote gigantesco Es Vedrá, que está en la entrada.

Luego bordeamos los rojos acantilados que se funden en el agua, encontramos playas llenas de bañistas con yates en la orilla, y disfrutamos del paisaje y de la brisa. Por la tarde, al puerto de San Antonio,  donde vivimos un atardecer espectacular.

Ahí tomamos un cóctel en el famoso Café del Mar, internacionalizado en los 90 por sus compilaciones de música chill out. En esa calle están las discotecas y bares frecuentados por jóvenes viajeros, en su mayoría ingleses, una atracción por sí mismos.

Visitamos Ibiza, su parte antigua, amurallada por protección de los ataques piratas en el siglo XVI. La catedral y el castillo están en lo alto; al bajar uno se pierde entre las estrechas callejuelas medievales hasta llegar al ayuntamiento, luego por el antiguo templo dominico y el mercado viejo rodeado de cafés y tiendas de ropa.

La carretera pasa por varios pueblos pintorescos rodeados de pinares. Subimos por las montañas hasta la hacienda Na Xamena, hotel escondido y construido en armonía con la naturaleza, con una vista impresionantes al mar.

De regreso paramos en Santa Gertrudis, pueblos rodeado de campos frutales. Puedes pasar la tarde viendo galerías de arte y tiendas de antigüedades.

Por la mañana navegamos la costa norte de la isla y nos bañamos en la pequeña playa Es Portixol, rodeada por una empinada y rocosa cuesta de pinos, un lugar idílico al que sólo se puede legar por barco.

Pasamos el día en Es Portixol para después levantar ancla y navegar hasta Mallorca. Los primeros rayos del sol bañaban la isla Dragonera a la entrada sur de Mallorca. Su paisaje es agreste y repleto de acantilados, con pescadores en mallorquinas, embarcación que sólo se construye en la isla.

Navegamos alrededor de los Farallones, grupo de islotes que sobresalen del mar. Cerca de ahí, se puede visitar Cartuja de Valldemossa, donde Chopin y George Sand pasaron temporadas.

Visita la capital Palma de Mallorca, y su catedral  gótica. Gastronomía es diversa, prueba sus productos gourmet como el queso de oveja curado, la sobrasada y la ensaimada.

Salimos a Menoría. Ahí los vientos que soplan en África arrastran arena del desierto. Habíamos llegado al punto más lejano hacia el este de las Baleares, donde se han encontrado la mayor cantidad de restos prehistóricos del mediterráneo.

Navegamos todo el día hasta al costa norte de la isla, cuyo atractivo es esnorquelear. En la bahía de Fornells pasamos la noche.

Una visita obligada es la capital Mahón, el primer sitio donde nace el sol en España. La ciudad tiene un puerto natural que lo mismo fue disputados por romanos, musulmanes, franceses e ingleses. Compra las menorquinas, sandalias típicas locales.

Para finalizar, visitamos Ciutadella en bicicleta. Desde el Castillo de San Nicolás disfrutamos la vista del casco histórico, dominado por construcciones del siglo XVII, salvo la catedral gótica que se edificó sobre una mezquita antigua.

A la mañana siguiente, elevamos el ancla y subimos la vela dejando las islas en nuestra popa.   


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