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Nueva Zelanda | La bendición de los ciclistas
Una lucha violenta creó este mundo, de acuerdo con la mitología maorí; los indígenas neozelandeses dicen que el Padre Cielo y la Madre Tierra fueron arrancados de los brazos del otro para hacer espacio para montañas, bosques y océanos.
Alrededor de Rotorua, uno de los enclaves maoríes, es fácil creer que la lucha continúa, pues el sobrecogedor paisaje burbujea y se agita como una especie de caldo primigenio. Los géiseres hacen erupción, el lodo hierve y el vapor se filtra por acantilados y aceras, dejando un aroma sulfuroso en el aire.
Comienza ahí, en el Pathway of Fire (sendero de fuego) para observar ?y oler? la tumultuosa exhibición. Pedalea por el sendero ciclista de 74 kilómetros (clasificación: fácil) que pasa por Whakarewarewa, un poblado maorí de cientos de años, y el Valle Volcánico Waimangu, el sistema geotérmico más joven de la Tierra.
Ese sendero es uno de los 18 grandes paseos en bici de la Senda Ciclista de Nueva Zelanda (Nga Haerenga en maorí, que significa "los viajes"). Los más de dos mil kilómetros de sendero abrirán en 2012. Y en una tierra en que los amantes de la adrenalina montan cohetes suspendidos por cables y ruedan colina abajo en bolas de plástico gigantescas, bicicletear parece ser una de las maneras más sanas de zambullirse y experimentar la naturaleza en un paisaje que impone a la exploración: aguas termales, glaciares, bosques lluviosos y volcanes, todo rodeado por casi 16 mil kilómetros de costa, empaquetado en un país que apenas si es más grande que el estado de Colorado. Una nación hecha para los viajes, físicos y espirituales.
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