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Jharia está ubicada en el cinturón carbonífero del centro y este de la India, y es una de las regiones donde la naturaleza ha padecido diversos estragos.
 
 
Jharia está ubicada en el cinturón carbonífero del centro y este de la India, y es una de las regiones donde la naturaleza ha padecido diversos estragos.
Foto: DPA
 
 

Entre el carbón y la energía solar

Autor: DPA Fecha: 2015-12-03

Cuando Preeti acude a la escuela por la mañana, ya tiene cumplida una jornada laboral. La joven de 15 años se levanta todos los días a las 04:00 y recoge carbón en la mina que hay cerca de su casa. Su padre lo vende en el mercado. Así, Preeti aporta hasta 200 rupias (unos 3 dólares) al presupuesto familiar.

Preeti vive en Jharia. La ciudad está ubicada en el cinturón carbonífero del centro y este de la India, que atraviesa varios estados. Los representantes indios en la conferencia sobre clima de la ONU que se desarrolla en París desde el 30 de noviembre y hasta el 11 de diciembre también hablarán de esa región. Y es que la India, país emergente, ya es el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero y más de la mitad de la energía primaria del subcontinente se cubre actualmente con carbón. (Lee: Cómo el carbón aviva la insurgencia en India)

Según anunció el gobierno en Nueva Delhi, hasta el año 2020 la producción de carbón se duplicará y se ubicará en mil millones de toneladas al año. Al mismo tiempo, sin embargo, la India está apostando masivamente por la ampliación de la energía solar: la meta es que en el año 2020 el 40 por ciento de la electricidad provenga de fuentes no fósiles, la mayor parte de energía solar, señaló el país cuando presentó sus objetivos climáticos a comienzos de octubre. (Lee: Los planes del mundo para reducir las emisiones contaminantes)

Por el momento, sin embargo, la energía solar supone sólo el uno por ciento del total. El creciente consumo de energía de esta inmensa población se sigue cubriendo sobre todo con carbón. En Jharia el "oro negro" se explota desde 1896, con numerosos accidentes y desastres naturales incluidos. La piel de muchas personas está teñida de carbón y hollín. Y sobre los pocos árboles que se ven hay una delgada capa de polvo.

Tres veces por la mañana Preeti trepa a la mina. Con un pico oxidado saca el carbón del suelo y regresa a casa con el canasto de rafia con 25 kilos balanceando sobre su cabeza. Como casi todos en Jharia, recorre con los pies descalzos los caminos de gravilla. La explotación de carbón por parte de los habitantes de la zona está prohibida, pero entre las 5:00 y las 7:00 los guardias de seguridad simulan no ver la extracción.

Preeti extrae carbón todas las madrugadas antes de ir a la escuela.

Foto: DPA

Para las personas de esa zona el trabajo en la mina es fundamental para su supervivencia. En esa región no se siente nada del rápido crecimiento de la India que en las últimas décadas atrapó a ciudades como Bombay y Nueva Delhi y catapultó a sus habitantes al mundo de las cadenas globales de café y las pizzerías.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en la India aún hay 300 millones de personas que viven sin electricidad. Dado que el consumo de energía en China ya no aumenta tanto, India se convierte en el "impulsor del crecimiento energético mundial", dijo hace poco el jefe de la AIE, Fatih Birol. En 2040, la India podría consumir tanta energía como Estados Unidos.

Por ahora el consumo -y por lo tanto la emisión de CO2- per cápita en la India aún está muy por debajo del promedio mundial. Preeti vive con sus padres y cuatro hermanos en una casita cerca de la mina, sin frigorífico ni aire acondicionado. Las paredes son de ladrillo, peñascos y barro para aislar.

Como en casi toda la región, el carbón se saca de explotaciones a cielo abierto, porque es más rápido y más barato que las subterráneas. Tras unas pocas decenas de metros de capas de tierra, ya aparece el carbón, que en algunos lugares tiene un espesor de 25 metros. En las minas legales, el trabajo lo realizan los empleados con explosiones y pequeñas excavadoras amarillas.

Antes la zona era rica en bosques. Hoy a lo largo de las carreteras se amontonan montañas de escombros como dunas en el desierto. Minas enormes de varios kilómetros cuadrados dejan cráteres en la tierra. En realidad, las minas que ya no funcionan deberían haberse cubierto, pero eso casi no se hizo. Por eso, la tierra arde en la región y amenaza la vida de más de medio millón de indios.

El carbón al descubierto entra en contacto con el oxígeno y muchas veces prende fuego. "Unas 700,000 personas deberán ser trasladadas a largo plazo para huir del fuego", explica Ashok Agarwal, quien dirige la organización no gubernamental Jharia Coalfield Bachado Samiti, que defiende los intereses de la población local. La mayoría de las familias no son propietarias de terreno, pero viven desde hace siglos en la región y por eso deberían ser indemnizadas, señala.

Por todas partes el aire está cargado de humo y polvo. "Las personas también sufren por los gases tóxicos, que salen constantemente de la tierra", dice Agarwal. Las vetas en llamas podrían apagarse, considera. Pero las autoridades no tienen interés. "Cuando las personas se van, consiguen la superficie que necesitan". La compañía minera BCCL, de hecho, quiere agrandar su zona de explotación.

La colonia nueva más grande, a la que fueron trasladadas unas 2,500 familias, se llama Belgaria y consiste en casas de tres plantas. Cada familia dispone de dos habitaciones. Las viviendas son bastante modernas, pero la población más cercana está a diez kilómetros. "Las condiciones de vida son mejores, pero aquí las personas no encuentran trabajo", critica Agarwal.

Tano Debi Rawami tiene 57 años y vive desde hace seis años con su familia en una de estas viviendas. Hasta ahora no se adaptó, explica esta madre de cuatro niños. "Tenemos que pagar 20 rupias para viajar hasta el mercado", dice. Y ese es un dinero del que su familia no dispone. Para caminar, la distancia es demasiado. Le gustaría regresar a su pueblo. "Nunca quisimos el dinero del gobierno. En casa éramos felices".

También Preeti deberá huir pronto del fuego rumbo a un asentamiento de este tipo. "Tenemos miedo", dice. Y aunque Preeti nunca estuvo en Bombay o Nueva Delhi, le gustaría vivir allí en el futuro. "Sueño con un trabajo en una oficina. Allí no hay carbón".

Unos 200 kilómetros al este de Jharia está el Parque Nacional de Sundarbans, el bosque de manglar más grande del mundo. La zona ubicada en la frontera entre India y Bangladesh ya se ve seriamente afectada por el cambio climático. Si aumenta el nivel del mar en un metro, probablemente esta zona declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco deje de existir, estima el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, de la ONU).

Y eso que los alrededor de 13 millones de habitantes de este laberinto de ríos, canales, islas y bosques apenas contribuyen al cambio climático. Por el contrario: son los precursores de la utilización de las energías renovables.

Ya en 1993 las autoridades instalaron en el estado de Bengala Occidental, que administra la parte india del parque de Sundarbans, el primer sistema de energía solar del país.

En la actualidad un millón de personas en el bosque de manglar utilizan energía solar, explica S.P. Gon Chaudhuri, ex director de la agencia de energías renovables de Bengala Occidental. Como alternativa, la mayoría de los habitantes sólo tienen lámparas de queroseno y leña, porque hasta hoy en día grandes partes de Sundarbans no están conectadas a la red eléctrica convencional.

"Antes, el comienzo de la noche ponía fin a todo. Ahora la vida continúa", explica Tapan Mandal, del consejo local de Rayat Yubilee. Allí 63 de los alrededor de cien hogares reciben electricidad a través de un sistema solar con micro inversiones.

"La energía solar nos sacó de la oscura Edad Media", opina Shyampad Mandal, habitante de pueblo de Sardarpara, donde las baterías se cargan de forma centralizada y luego son repartidas a las 175 familias. "Hoy en día todos tienen teléfono móvil y muchas casas un televisor. Estamos conectados con el mundo exterior. Y nuestros niños pueden estudiar de noche".

Hasta el año 2022 la India quiere generar 100 gigavatios con energía solar, una meta ambiciosa dado que en la actualidad sólo tiene 4 gigavatios.

Para que el desarrollo siga, sin embargo, se debe continuar emitiendo más dióxido de carbono, destaca el Centro de Ciencia y Medio Ambiente en Nueva Delhi. "Ellos (Estados Unidos y Europa) emitieron en el pasado. Nosotros emitimos en el presente y el futuro", opina la directora general, Sunita Narain. Por ahora la emisión per cápita en la India es una décima parte de la de Estados Unidos y un cuarto de la de China.

 

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