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Objetos de marfil listos para ser destruidos en Beijing, en mayo 2015. En aquel momento, el presidente chino Xi Jinping señaló que China empezaría a suprimir su comercio de marfil.
 
 
Objetos de marfil listos para ser destruidos en Beijing, en mayo 2015. En aquel momento, el presidente chino Xi Jinping señaló que China empezaría a suprimir su comercio de marfil.
Foto: Ng Han Guan, AP
 
 

Buena noticia para los elefantes

Autor: Rachael Bale Fecha: 2015-09-30

La declaración reciente, informando que Estados Unidos y China colaborarán para implementar “prohibiciones casi completas” a la importación y exportación de marfil, representa el paso más importante, hasta ahora, en los esfuerzos para suprimir una industria que ha impulsado la caza ilegal de elefantes y que ha puesto en riesgo algunas especies.

El acuerdo entre el presidente estadounidense, Barack Obama y el mandatario chino, Xi Jinping significa que China, el mayor consumidor mundial de marfil, cumplirá la promesa, hecha en mayo, de suprimir el comercio nacional de marfil; una promesa que, no obstante, ha generado mucho escepticismo.

Dicha industria se ha sostenido, principalmente, gracias a la floreciente clase media china, sector que codicia el marfil como símbolo de estatus. Grupos para la conservación de la vida salvaje afirman que Asia –y China, en particular- son engranajes clave para una industria que ha contribuido a instigar la matanza de casi 30,000 elefantes africanos cada año.

Esta es la primera vez que los presidentes de Estados Unidos y China comparten un compromiso específico para proteger la fauna, apuntó la declaración pública de la Sociedad Humanitaria de Estados Unidos.

Aunque ya existe una prohibición casi total para el marfil comercial en Estados Unidos, las nuevas restricciones impuestas el año pasado han estrechado aun más las condiciones, prohibiendo las importaciones comerciales de marfil elefantino africano (incluyendo antigüedades) y limitando la cantidad y el tipo de trofeos de caza que pueden introducirse en el país. Asimismo, cada estado (el más reciente, California) está implementado o proponiendo leyes para restringir todavía más las ventas de marfil.

El acuerdo del 24 de septiembre pasado, anunciado por la Casa Blanca, es especialmente importante para China, porque el propio gobierno controla –y en esencia, ha fomentado durante años- el comercio de marfil en el país.

En 1989, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, organismo internacional que establece las políticas para el comercio con fauna salvaje) proscribió el comercio global de marfil. Y cuando un experimento permitió que Japón adquiriera 55 toneladas de marfil legal en 1999, el incremento resultante del contrabando provocó que China declarara el experimento como un fracaso.

Sin embargo, pocos años después, China comenzó a presionar para que le permitieran hacer lo mismo: adquirir una cantidad limitada de marfil para venderlo en su mercado nacional bajo estrecho control. China ejerció gran presión hasta que, en 2008, CITES accedió a su exigencia.

Ese mismo año, China compró, legalmente, 73 toneladas de marfil africano. Casi al mismo tiempo, construyó la fábrica para talla de marfil más grande del mundo y empezó a establecer puntos de venta. El gobierno chino incluso agregó la talla de marfil a su registro de Patrimonio Cultural Intangible, en un intento de legitimar la industria.

En 2012, National Geographic entró en algunas fábricas de tallado de China y reveló que las acciones de aquel país estaban promoviendo el comercio legal e ilegal de marfil. Pues en vez de mantener bajos los precios, el gobierno los había elevado, ocasionando que la caza furtiva de marfil fuera más rentable. (Lee: La huella del tráfico de marfil)

Entre tanto, el proyecto de Beijing de asignar identificaciones fotográficas a las tallas de marfil legales, resultó contraproducente: las imágenes eran tan pequeñas que la fotografía utilizada para identificar una pieza legal podía, fácilmente, adjuntarse a una talla ilegal para legitimarla. De hecho, las fotos son tan pequeñas que es difícil saber si la pieza retratada es la misma que está en venta.

Los sistemas chinos para el control interno del marfil han fracasado. Según una encuesta de la Sociedad National Geographic y GlobeScan, 79 de los chinos dijo apoyar la prohibición total de marfil. Sin embargo, el estudio reveló también que 36 por ciento de los encuestados en China quería comprar y podía pagar el precio del marfil, en tanto que otro 20 por ciento manifestó el deseo de adquirirlo, aunque no podía costearlo (En Estados Unidos, 13 por ciento dijo que quería comprarlo y podía pagarlo, mientras que 22 por ciento reconoció que quería obtenerlo mas no podía pagarlo. El estudio halló también que un mayor porcentaje de estadounidenses con medios para adquirirlo no tenía interés en comprar marfil: 24 por ciento contra 12 por ciento en China).

El tráfico de marfil se ha vinculado con organizaciones terroristas y el crimen organizado, y este compromiso de alto nivel es una señal de que el tráfico de fauna ha sido elevado “en el discurso diplomático entre los líderes políticos globales más importantes del mundo”, añadió la declaración de la Sociedad Humanitaria.

Según la declaración de la Casa Blanca, Estados Unidos y China restringirán la importación de marfil como trofeo de caza, y colaborarán para restringir el comercio interno de marfil. También se anunció que ampliarán la cooperación en capacitación, intercambio de información, educación pública y cumplimiento de la ley.

El acuerdo “habrá de tener un efecto profundo” en la caza furtiva de elefantes, dijo Peter Knights, director ejecutivo de WildAid, organización no lucrativa que combate el tráfico de fauna salvaje. “La lucha continuará, pero este es, probablemente, el paso más grande que podrían haber dado”.

Knights agregó que el acuerdo ejerce gran presión en Hong Kong, muy aficionada al marfil y donde el comercio legal suele servir de cubierta a quienes tratan de lavar marfil ilegal.

Este artículo fue producido por la Unidad de Investigaciones Especiales de National Geographic, dedicada a crímenes contra la vida salvaje. Fue posible gracias a una beca de la Fundación BAND.

 

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