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¿Podrá el mako, el tiburón más rápido del océano, ser más veloz que nuestro apetito?
 
 
¿Podrá el mako, el tiburón más rápido del océano, ser más veloz que nuestro apetito?
Foto: Brian Skerry
 
 

Tiburón mako, el relámpago del mar

Autor: Glenn Hodges Fotografías: Brian Skerry Fecha: 2017-08-14

 

Zane Grey se volvió famoso por escribir novelas de aventuras sobre el oeste estadounidense, obtuvo 14 récords mundiales de pesca marina, incluyendo el primer marlín de más de 450 kilogramos atrapado con caña y carrete en Tahití, en 1930. Pero nada se compara con los makos que encontró en la costa de Nueva Zelanda, en 1926.

El primer mako que Grey atrapó con el sedal pesaba 117 kilogramos y, cuando lo jaló hacia el costado del barco, “dio una batalla tremenda: rompió un arpón, nos empapó y dio problemas sin fin” –escribió en su libro Tales of the Angler’s Eldorado, New Zealand–.

Casi un siglo después, los makos de aleta corta todavía tienen una reputación hercúlea entre los pescadores deportivos, que los aman en igual medida, tanto por el reto como por su carne.

Sin embargo, parece que un siglo de pesca está pasando la factura.

 

Los makos tienden a ser solitarios y migratorios: a veces cruzan las aguas de más de una docena de países. Un tiburón al que se le colocó un rastreador en Nueva Zelanda, donde las poblaciones de makos son fuertes, viajó 18 670 kilómetros en un año.

 

Los makos de aleta corta –que se distinguen de sus parientes mucho más raros, los marrajos de aleta larga, por sus aletas pectorales más cortas, entre otras cosas (en este artículo, “makos” se referirá a los makos de aleta corta)– son un trofeo favorito entre los pescadores y a menudo forman parte de la pesca secundaria de los palangres comerciales.

Su carne rivaliza en calidad con la del pez espada y sus aletas son muy apreciadas en Asia para la sopa de aleta de tiburón, combinación que pone a los makos bajo una presión intensa. Sin embargo, no se sabe con certeza cuánta es la presión ni cuáles serán sus efectos finales. Los científicos no tienen una idea clara de cuántos makos hay en los mares de la Tierra. Así que los biólogos que se dedican a estudiarlos tratan de llenar vacíos de conocimiento muy grandes.

 

Un mako de aleta corta aparece ante un intruso y se presenta como una fuerza a la que hay que tomar en cuenta en las aguas de la costa de Nueva Zelanda.

 

Acompañé a científicos afiliados al Instituto de Investigación Guy Harvey, han colocado rastreadores y dado seguimiento a los makos en el océano Atlántico y el golfo de México desde 2008, con el objetivo principal de estudiar los patrones de desplazamiento de los tiburones.

Brad Wetherbee, ecólogo marino de la Universidad de Rhode Island que estaba ahí para colocar los rastreadores en los makos, explica que es intensa la presión de la pesca sobre la especie. “Los que tratamos de atrapar nadan hacia el norte de la costa atlántica en el verano y, entre la pesca recreativa de todos los días y las docenas de torneos de pesca de tiburones que se celebran entre Maryland y Rhode Island, el viaje es muy peligroso para los tiburones. Muchos ya fueron eliminados antes de que lleguen aquí”, advierte Wetherbee.

Los makos, al igual que muchos tiburones, son particularmente vulnerables a la sobrepesca debido a lo pequeño de sus camadas y a la edad avanzada en que entran a su madurez sexual (un estudio sugiere que los makos hembra alcanzan la madurez sexual hasta alrededor de los 15 años o más, pero las cifras no son definitivas. Los biólogos concuerdan en que se necesita mayor investigación).

 

Este mako joven llegó con gran agresividad, dice Skerry, y destruyó parte de la protección de su cámara. Aunque los makos rara vez atacan humanos, la amenaza que estos representan para los makos es sustancial. En 2007 se los clasificó como vulnerables debido a la sobrepesca.

 

Wetherbee y su equipo han descubierto que no les va muy bien a los tiburones que rastrean. Los rastreadores que utilizan –del tamaño de un encendedor Zippo, montados en sus aletas dorsales– envían señales a los satélites cada vez que los tiburones salen a la superficie, eso les permite a los investigadores crear mapas detallados de sus movimientos. Cuando las señales empiezan a llegar desde tierra, saben que los tiburones fueron capturados.

Existen 65 torneos en Estados Unidos que incluyen premios por pescar tiburones pelágicos, como makos, tiburones azotador y tiburones tigre. Los capitanes de los barcos en los que navegué durante esas expediciones de rastreo en Maryland y Rhode Island son pescadores de tiburones desde hace mucho. No están en contra de la captura y muerte de los peces pero tienen sus objeciones respecto a la forma de pescar tiburones.

 

Un mako merodea en la costa de San Diego. Estos grupos de algas flotantes llevan consigo ecosistemas en miniatura, con peces grandes que se comen a los más chicos y con los makos en la cima de la cadena alimentaria.

 

Charlie Donilon, el capitán de Rhode Island, alquila barcos para pesca de tiburón desde 1976 y empezó a tratar de persuadir a sus clientes para que liberaran a los tiburones que pescaban, pero como casi todos los makos que se pescan ahí son jóvenes, no tenía caso tratar de convencer a los pescadores. Así que, en 2015, Donilon instituyó una política de pesca y devolución, sin excepciones. Su negocio recibió un golpe duro. “Yo contribuí con mi parte a la matanza –me confesó una tarde en su barco–. Como uno de esos tipos en África que solían ser cazadores ilegales y mataron todos los leones…”. Y mientras decía esto, finalmente suspiró entre sollozos: “hay que devolver algo. Nosotros simplemente tomamos y tomamos todo el tiempo…”

 

 

Este artículo forma parte de nuestra edición impresa de agosto 2017. Si deseas leer el texto completo, puedes suscribirte a la publicación impresa o digital, en iTunes y Google Play.

 

 

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