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Semejante a un casuario, un dinosaurio gigante llamado Beibeilong sinensis se incuba en su huevo en esta representación artística.
 
 
Semejante a un casuario, un dinosaurio gigante llamado Beibeilong sinensis se incuba en su huevo en esta representación artística.
Foto: Zhao Chuang
 
 

Nombran “bebé dragón” al dinosaurio hallado dentro de un huevo gigante

Autor: Erika Engelhaupt Fecha: 2017-05-11

 

“Baby Louie” adornó la portada de National Geographic hace 20 años. Hoy, finalmente, el pequeño dinosaurio que hallaron acurrucado en su huevo tiene un nombre oficial: bebé dragón.

La especie recién descrita era un dinosaurio gigante, semejante a las aves, y ponía huevos de hasta 45 centímetros de largo en nidos del tamaño de la rueda de un monster truck (camión monstruo). Los científicos, quienes recientemente estudiaron en detalle al fósil de 90 millones de años, lo han llamado Beibeilong sinensis o “bebé dragón de China”, según un estudio publicado el 9 de mayo en la revista Nature Communications.

“Los imagino muy parecidos a las aves –dice la coautora del estudio, Darla Zelenitsky, paleontóloga de la Universidad de Calgary-. Como un casuario súper desarrollado, (un pariente del avestruz). Aunque un Beibeilong completamente desarrollado debió ser mucho más alto que un avestruz. Los adultos bien pudieron medir más de 7.5 metros de largo y pesar más de tres toneladas”.

El dinosaurio pertenecía al grupo de los ovirraptorosaurios que, en su mayoría, eran bastante pequeños. Solo se han hallado tres esqueletos de ovirraptorosaurios gigantes, incluido Baby Louie, “aunque sus huevos son extremadamente comunes”, apunta Zelenitsky.

Si bien esos huevos enormes se han encontrado en China, Corea, Mongolia y Estados Unidos, durante años fue un misterio a qué especie de dinosaurio pertenecían.

 

“Baby Louie”, el embrión de Beibeilong sinensis.

Foto: Darla Zelenitsky, Universidad de Calgary

 

Pero ahora que sabemos quién ponía los extraños huevos, los investigadores pueden averiguar más sobre la forma como esos animales se reproducían y criaban a su prole, dice el paleontólogo David Varricchio, de la Universidad Estatal de Montana, quien no participó en el estudio.

Es más, el descubrimiento sugiere que esos enormes ovirraptorosaurios pudieron haber merodeado cualquier territorio donde haya huevos gigantes. “Los huevos nos dicen que, probablemente, esos dinosaurios eran más comunes de lo que indican sus huesos en el registro fósil”, comenta Zelenitsky.

 

 

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El nacimiento de Baby Louie

A principios de 1993, cuando encontraron el huevo fósil en Henan, China, nadie conocía su especie. De modo que, igual que otros huevos gigantes y misteriosos, recibió el nombre científico de Macroelongatollithus. Mas la estupenda conservación del dinosaurio llamó la atención de la revista National Geographic, que dio al embrión fosilizado el nombre de “Baby Louie” en honor al fotógrafo del reportaje, Louie Psihoyos.

La revista encargó al artista Brian Cooley que creara un modelo tridimensional detallado y, como portada, utilizó una fotografía de la escultura.

En el artículo de 1996 se proponía que Baby Louie era un tericinosáurido, un grupo de dinosaurios caracterizado por sus manos de garras gigantescas, y uno de los pocos candidatos con el tamaño necesario para poner semejantes huevos. No obstante, otros opinaban que se trataba de huevos de tiranosaurios.

 

La revista National Geographic nombró al embrión fosilizado el nombre de “Baby Louie” en honor al fotógrafo del reportaje, Louie Psihoyos.

Foto: National Geographic

 

Con todo, poco después de la publicación del artículo, los investigadores comenzaron a pensar que Louie se parecía más a un ovirraptorosaurio. “El único problema fue que el huevo era demasiado grande. ¡Ocho a diez veces más grande que cualquier ovirraptorosaurio conocido!”, exclama Zelenitsky.

Fue hasta 2007 que descubrieron en China el primer esqueleto de ovirraptorosaurio gigante, una bestia emplumada de 1.4 toneladas llamada Gigantoraptor. “Al fin, todo tenía sentido. Teníamos una especie gigante capaz de poner esos huevos colosales”, dice Zelenitsky. Y ahora, Beibeilong es la segunda especie de ovirraptorosaurio descubierta.

Entonces, los científicos enfrentaron otro problema para estudiar a Baby Louie: China quería que lo devolvieran. Unos comerciantes de fósiles lo habían llevado a Estados Unidos y tras una prolongada negociación, Baby Louie regresó a China en 2013, donde los científicos volvieron a tener la oportunidad de estudiarlo.

Al examinar el fósil en gran detalle y compararlo con otras especies de dinosaurios, el equipo internacional de científicos ha llegado a la conclusión no solo de que Baby Louie es una especie nueva para la ciencia, sino que su especie eran los dinosaurios más grandes que anidaban y cuidaban de sus crías.

 

 

La leyenda de Louie continúa

“Es fantástico que al fin lleguemos a esta etapa con Baby Louie”, comenta Phillip Currie, paleontólogo y profesor en la Universidad de Alberta, y autor del reportaje National Geographic de 1996.

En aquellos días, no tenía idea de que tardarían 20 años en describir el fósil, pero en ese lapso, localizó al agricultor que encontró a Baby Louie y regresó al lugar exacto para buscar más cascarones de los hermanos de nido de Louie.

Otro miembro del equipo, Ken Carpenter, de la Universidad Estatal de Utah, siempre dudó que Baby Louie fuera un tericinosáurido, y así lo manifestó en 1996. “Supongo que me siento reivindicado”, dice, añadiendo que ahora se plantea un misterio mayor sobre los dinosaurios.

El equipo de Carpenter ha descubierto más huevos gigantes en depósitos de 100 millones de años en Utah, los cuales pertenecen al Cretácico Inferior, correspondiente al Albianse de Utah.

¿Acaso los huevos estadounidenses contienen un antepasado de Baby Louie que después emigró a Asia? Es posible, sugiere.

 

Las ilustraciones muestran el aspecto del embrión de Beibeilong sinensis dentro del huevo.

Foto: Zhao Chuang

 

El pequeño Louie reveló que los dinosaurios bebés tenían cabezas y ojos grandes con hocicos pequeños, igual que los pajaritos y los cachorros contemporáneos, pero todavía hay mucho que desconocemos, señala Carpenter. Por ejemplo, “¿Acaso Louie podría ser una Louise? Por desgracia, es inútil mirar bajo la cola”.

Tampoco sabemos cómo murió Louie, aunque es evidente por qué ha provocado vuelos de la imaginación durante más de dos décadas.

“Louie interesa a la gente porque los dinosaurios bebés son geniales –dice Carpenter-. En vez de un rugido feroz emergiendo del nido, tal vez se escuchaban piadas”.

 

 

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