Cómo sobreviven los insectos (y cómo nos ayudan)

Publicado el día 30 de Enero del 2017, Por Liz Langley

Gracias a sus ingeniosas adaptaciones, escarabajos, hormigas y muchos otros insectos prosperan en todo el planeta, incluso en la Antártida.

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Es muy posible que, cuando zumban por tu cabeza o los descubres picando tu piel, no pienses con gratitud en los insectos.

Pero te guste o no, estás rodeado de ellos, pues hay unos 10 trillones de insectos en la Tierra, incluidas alrededor de 10 mil billones de hormigas.

Los insectos evolucionaron aproximadamente hace 400 millones de años. Fueron de los primeros animales que “salieron a rastras del mar, se sacudieron el fango y… desarrollaron alas”, dice Katy Prudic, entomóloga de la Universidad de Arizona.

“Cuando los niveles de oxígeno de la Tierra se redujeron, lo mismo hicieron los insectos”, y eso les permitió respirar y escapar rápidamente de los depredadores.

Los insectos evolucionaron para volverse tan resistentes y adaptables que sobrevivieron a varias extinciones masivas (con la única excepción del Pérmico-Triásico, ocurrida hace unos 252.2 millones de años, en la cual cantidades masivas de dióxido de carbono se filtraron a la atmósfera durante miles de años, agrega Prudic).

Dado que unas 850 mil especies de insectos conocidas están distribuidas en todo el mundo, incluido el Antártico (el jején antártico, Belgica antarctica), nos planteamos: ¿Cómo fue que estos seres diminutos han sobrevivido tanto tiempo y cómo ayudan a la humanidad?

 

 

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A la defensiva

Para empezar, la mayoría de los insectos producen una cantidad pasmosa de crías que requieren de poca o ninguna atención.

Por ejemplo, las hormigas siafu o guerreras, una especie africana del género Dorylus, producen tres a cuatro millones de huevos cada 28 días: un récord para una especie con una organización social avanzada.

Por otra parte, insectos con defensas también formidables, desde el exoesqueleto súper resistente del escarabajo de la madera y las púas tóxicas de la oruga perrito hasta el hedor a carne putrefacta de la tijereta.

 

Hormigas siafu, la especie de hormiga que produce más crías.

 

Algunos insectos incluso usan bombas.

“El escarabajo bombardero expulsa una ‘bombita’ en la boca de cualquiera que trate de comérselo para repeler el ataque”, informa Prudic. Aunque, en realidad, se trata de una pulsación de ácido sulfhídrico.

 

El escarabajo bombardero (Brachinus crepitans) es una bomba química miniatura; mira en video este mecanismo de defensa. 

 

 

Otros son tan diestros para disfrazarse que logran conseguir el almuerzo o evitan convertirse en comida. La mantis orquídea se hace pasar por una orquídea inofensiva para engañar a sus presas. El insecto hoja Phyllium philippinicum se balancea para simular una hoja que mueve el viento. Y el saltamontes liquen se confunde con el liquen que cubre el árbol huésped para ocultarse (incluso se alimenta del mismo liquen que le sirve de camuflaje).

Y cuando los insectos atacan en defensa propia, algunos propinan aguijonazos dolorosos que desalientan un segundo intento de los depredadores.

Justin Schmidt, autor de The Sting of the Wild, escribe que las peores picaduras de insectos –al menos para las personas- son las de avispas caza tarántulas, que describe en su libro como “embrutecedoras, feroces, espantosamente eléctricas”, y las de avispas guerreras que son, simplemente, “una tortura”.

 

 

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Pequeños aliados

Sucede que mientras los insectos se ocupan de sus cosas, de paso nos brindan ayuda.

Los insectos son los principales depredadores de otros insectos, incluidas algunas plagas, señala Schmidt en un correo electrónico. Por ejemplo, las mariquitas se alimentan con áfidos que destruyen cosechas.

Por otro lado, los diminutos invertebrados hacen aportaciones enormes a la agricultura y el ambiente, pues labran, enriquecen y airean la tierra, y además dispersan semillas y polinizan casi la tercera parte de los alimentos que se producen en todo el mundo, apunta Prudic.

 

La mariquita (catarina o vaquita de San Antonio) consume un áfido, una plaga que destruye cosechas.

 

También tenemos a los limpiadores, como los escarabajos carroñeros, que libran el suelo de cadáveres en descomposición, arrastrándolos y depositando en ellos sus huevos, para que sus crías se alimenten con la carne.

 

Escarabajos enterradores o necrófagos se disponen a sepultar una rata canguro.

 

Los escarabajos peloteros son los “recicladores máximos” ya que, al alimentarse y descomponer los desechos de otros animales, evitan que caminemos entre montañas de excremento, señala en un correo Anne Estes, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland.

Los escarabajos peloteros se alimentan de las heces de otros animales.

 

No solo eso, los escarabajos peloteros extraen los nutrientes de las heces de los arroyos, ríos y lagos y los introducen en el suelo, donde no dañan al ganado, explica Estes (y eso también es mucho más agradable para las personas, que pueden disfrutar de un medio ambiente libre de excremento). Algunas especies, como el escarabajo pelotero arcoíris (Phanaeus vindex) lucen fabulosas mientras hacen su trabajo.

Es un esfuerzo titánico. ¿Alguien sabe dónde conseguir un trillón de notas de agradecimiento?

 

 

En Tailandia, las batallas de escarabajos son una tradición, conócela a través de estas fotografías:

 

 

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