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Harambe, un gorila del 17 años del Zoológico de Cincinnati, aparece en una fotografía sin fecha proporcionada por la institución.
 
 
Harambe, un gorila del 17 años del Zoológico de Cincinnati, aparece en una fotografía sin fecha proporcionada por la institución.
Foto: Cortesía del Zoológico de Cincinnati/Reuters
 
 

Conducta de Harambe pudo haber sido un juego normal

Autor: Michael Greshko Fecha: 2016-06-09

Harambe –el gorila occidental de llanura muerto a tiros el sábado por funcionarios del Zoológico de Cincinnati- no manifestaba una agresión anormal cuando arrastró al niño que cayó en su encierro.

“Es difícil determinar si fue una demostración agresiva hacia la multitud o una interacción de juego –dice Terry Maple, experto en respuestas psicológicas de los animales en cautiverio, y exdirector del Zoológico de Atlanta-. [Pero] no considero que se tratara de una agresión real hacia el niño”.

De hecho, se inclina a interpretar la conducta de Harambe como lúdica, similar a la forma como los gorilas machos adultos juegan con sus hijos.

“A decir verdad, lo que vi en la grabación (que muestra al gorila y al niño) me pareció normal; en otras palabras, la conducta normal de un gorila –informa-. A veces, cuando los [gorilas] machos roban bebés, los sujetan por el tobillo o la mano, y rondan con ellos”.

Pese a la conducta aparentemente normal de Harambe, Maple agrega que el Zoológico de Cincinnati tomó la decisión correcta, aunque difícil, de matar al gorila.

La medida ha sido atacada por los grupos defensores de los derechos de los animales, pues los gorilas occidentales de llanura están en peligro crítico de extinción. Hay menos de 95,000 individuos en la naturaleza, y sus cifras han menguado en, al menos, 60 por ciento en los últimos 20 a 25 años. La caza comercial de carne salvaje, el tráfico de fauna, y los brotes de Ébola han provocado una caída drástica de sus poblaciones desde la década de 1980. Alrededor de 765 gorilas viven en cautiverio en zoológicos de todo el mundo.

Maple señala que la consideración principal del zoológico era, y debió ser, la vida del menor, y no los motivos de la conducta de Harambe.

“Me siento muy mal por las personas que tomaron la decisión, pero creo que el mundo de los zoológicos es unánime en cuanto a que fue lo correcto –agrega Maple-. El público debe entender que se trata de una situación difícil y compleja”.

Frans de Waal, primatólogo de la Universidad de Emory, concuerda, señalando que aunque Harambe a veces pareció actuar de manera protectora, los funcionarios no tuvieron más alternativa que dispararle.

“Cuanto más pienso en ello, y más evidencias aparecen, menos opciones viables encuentro –escribió en un correo-. No podían darse el lujo de esperar a ver qué sucedía. Un gorila es tan inmensamente fuerte, que incluso con las mejores intenciones –y no estamos seguros de que Harambe las tuviera-, la muerte del niño era una consecuencia probable”.

La fuerza enorme de Harambe habría hecho que cualquier conducta resultara peligrosa para el niño, incluso la de juego, agrega Maple, y el encierro dificultaba y volvía muy riesgosa la sedación del gorila, pues se requería de un tiro especialmente largo con un rifle de dardos tranquilizantes.

Más aún, los sedantes tardan varios minutos en actuar, y existía el potencial de que Harambe se alterara y aumentara el riesgo de que el niño resultara lesionado o muriera. El foso del encierro, una zona intermedia de protección, también ofrecía el riesgo de ahogamiento.

Pese a todo, Maple insiste en que el trágico incidente ha dejado profundamente consternados a los profesionales de los zoológicos; en particular, a los funcionarios del Zoológico de Cincinnati.

“Quienes trabajamos con [gorilas] sentimos un gran amor por ellos –asegura Maple-. Es como si hubiera muerto un ser humano”.

 

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