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¿Qué intenta decirte tu gato? Esto revelan dos veterinarios

Autor: Liz Langley Fecha: 2016-06-09

No importa cuánto convivamos con nuestros gatos; siempre serán un misterio. Y si bien su indiferencia a veces es atractiva, la verdad es que resulta enloquecedora cuando no sabemos qué les pasa.

Así, decidimos esclarecer tres enigmas felinos que nos plantearon los lectores:

1. ¿Un grito de ayuda?

La primera pregunta es de Corina Sansone y su marido, cuyo minino ragdoll de nueve años ha estado con ellos desde que tenía cinco semanas de vida.

Resulta que se mudaron hace dos años y medio, y la experiencia fue muy traumática para el gato que estaba habituado a vivir en interiores/exteriores; al punto que dejó de comer temporalmente, y empezó a deambular por la casa en la noche, maullando sin cesar.

Ya instalados en el nuevo vecindario, el minino tuvo encuentros desagradables con mapaches y gatos del barrio –algunas peleas terminaron en viajes al consultorio del veterinario-. Y aunque Sansone dice que, últimamente, su mascota pasa más tiempo dentro de la casa, ha vuelto a recorrer la casa maullando a todo pulmón, y nada –ni golosinas ni atención adicional- lo tranquiliza. “Es muy frustrante, y los dos estamos desesperados”.

Los expertos felinos, John Bradshaw, de la Universidad de Bristol, Reino Unido, y Carlo Siracusa, de la Escuela de Medicina Veterinaria en la Universidad de Pensilvania, sugieren que lo primero en la lista de prioridades de Sansone debe ser una revisión médica para descartar cualquier trastorno físico.

Por ejemplo, los gatos añosos presentan problemas de tiroides, y los síntomas incluyen mayor actividad y vocalización, informa Siracusa. Bradshaw señala que otra posibilidad es que el gato se haya quedado sordo, tal vez por una infección en los oídos, y por ello “no puede oír sus maullidos”.

No obstante, Siracusa opina que la causa más probable son los sonidos y olores de los animales del exterior con los cuales tuvo enfrentamientos. El maullido podría ser territorial, como diciéndoles: “Estoy aquí, así que váyanse”, explica.

Lee: ¿Por qué no debes asustar a los gatos con pepinos?

La mejor estrategia es hacer que los gatos permanezcan en casa. Mantenerlos dentro “es lo mejor para su seguridad y salud médica”, asegura Siracusa, quien no permite que su gato salga de la casa.

Pero incluso así, el gato de Sansone podría alterarse por el sonido y el olor de los animales del exterior. Para sofocar sus sonidos, sería útil poner música clásica o usar máquinas de ruido blanco, e instalar aspersores que se activen con el movimiento, así como dispositivos que rocíen citronela para ahuyentar sin peligro a los animales indeseables; y con suerte, apagar el radar del gato, agrega Siracusa.

Es posible que el minino fuera separado de su madre antes de tiempo, interpone Bradshaw. “Lo normal son ocho semanas, así que su conducta quizá no se desarrolló como debía”, lo que también podría explicar por qué es tan susceptible al estrés.

2. Invitado indeseable

Lejos de protestar por la mudanza, este gato está loco por explorar una casa nueva: Una lectora llamada Pat nos preguntó por qué, cada pocos días, un gato se mete en la casa de un desconocido, donde no hay otros gatos, y corre directo al dormitorio.

Según Siracusa, es posible que perciba el olor específico de un objeto que lo atrae. Además, los dormitorios tienen armarios, los cuales están repletos de lugares fabulosos para esconderse, y tal vez el gatito lo sabe.

Hasta los mininos mejor cuidados “a veces investigan la posibilidad de expandir sus territorios”, dice Bradshaw, y explorar otros refugios potenciales.

No hay de qué preocuparse, es solo una señal de “su naturaleza independiente”.

3. No hace falta un sexto sentido

Nuestra colega de National Geographic, Christine Dell’Amore, cuestiona si su gato es clarividente. Su marido dice que su gatito, Snorrie, corre a la puerta del apartamento en el primer piso tan pronto como Christine entra en el edificio, pero no lo hace cuando se trata de cualquier otra persona.

“¿Cómo sabe que soy yo?”, pregunta Dell’Amore.

El olfato y el oído de los gatos están mucho más desarrollados que los nuestros, y gracias a esos sentidos pueden identificar a las personas mucho antes que los humanos, explica Bradshaw.

Por ejemplo, un sonido tan sutil como un paso o el ruido de las llaves es fácil de distinguir con unos oídos tan agudos, y unas orejas que se mueven como radares.

Y como los gatos dependen de nosotros, prestan mucha atención a nuestros patrones y nuestras acciones cotidianas, así que detectan cualquier interrupción en la rutina diaria.

Por eso, cuando escucha los pasos de Dell’Amore en el recibidor del edificio –algo parecido al ruido de un abrelatas-, Snorrie sabe que es hora de comer.

 

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