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Un zorro ártico aparece a la entrada de su madriguera en el Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico, Alaska.
 
 
Un zorro ártico aparece a la entrada de su madriguera en el Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico, Alaska.
Foto: Daniel J. Cox
 
 

Los zorros árticos “cultivan” sus propios jardines

Autor: Adam Popescu Fecha: 2016-10-20

Los hogares subterráneos, a veces de hasta un siglo de antigüedad, están cubiertos con exuberantes jardines de hierbas de duna, matorrales de Salix planifolia (de la familia de los sauces) y flores silvestres amarillas. Una explosión de color en un paisaje completamente gris.

“Son de color verde brillante mientras que todo lo demás es pardo", dice Brian Person, biólogo de la vida silvestre de North Slope Borough, en Barrow, Alaska. "Resaltan mucho”.

Se refiere a las madrigueras de los zorros árticos.

Person ha pasado la mayor parte de una década estudiando los movimientos de estos carnívoros por todo el norte de Alaska. Los zorros, que pesan entre 3 y 5 kilogramos, y depredan principalmente lemmings y animales pequeños, están distribuidos en todo el Ártico circumpolar, desde Alaska y Canadá hasta Europa y Groenlandia.

Ha rastreado zorros con collares satelitales que han viajado muy al oriente, hasta el mar de Chukchi, donde saltaron sobre el hielo marino para continuar su camino bordeando la costa de la vecina Siberia.

Sin embargo, los zorros árticos se desplazan demasiado rápido para seguirlos en tiempo real, de modo que Person solo recibe su localización GPS cada tres días. Por ello, sus coloridas madrigueras son críticas para monitorear las poblaciones, y el nicho que ocupan en el medio ambiente ártico.

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Al asomarse desde un avión de ala fija, las áreas de verdor “me permiten calcular cuántas madrigueras hay en la zona”, informa Person.

“En esencia, estos cánidos están fertilizando y cultivando un jardín”.

Esos jardines contrastan tanto con la tundra que los investigadores, quienes hace poco publicaron el primer estudio científico sobre las madrigueras, han dado a los zorros el sobrenombre de “ingenieros del ecosistema”.

Emprendidos en 2014, cerca de Churchill, Manitoba, los experimentos revelaron que, en los meses de verano, los desechos orgánicos de los zorros sustentan casi el triple de biomasa botánica que el resto de la tundra.

Cómo crece un jardín de zorro

Durante el largo y oscuro invierno ártico, la tundra desaparece en un mundo opaco donde el cielo y el suelo se fusionan en una bruma interminable.

Y cuando la temperatura desciende a dos cifras bajo cero, el subsuelo es el único lugar donde los zorros pueden refugiarse y proteger a sus crías de los elementos, y de otros depredadores.

Algunas madrigueras tienen más de un siglo de antigüedad, y las mejores están en puntos elevados: en crestas montañosas, montículos, y márgenes de ríos. Pero con tanto permafrost –suelo congelado- y en un entorno tan llano, los sitios óptimos pueden demorar años en desarrollarse.

Y ya que la excavación de nuevas viviendas desperdicia energía valiosa, la disponibilidad de bienes raíces es limitada –por lo que los zorros reutilizan espacios- y en un extraño tiempo compartido, a veces roban sitios pertenecientes a las ardillas de tierra.

Video- Un fotógrafo captura la impresionante vida salvaje del Ártico:

Con camadas que promedian de 8 a 10 cachorros –algunas de hasta 16-, los zorros depositan gran cantidad de nutrientes dentro y alrededor de las madrigueras, una combinación de heces, orina y restos de presas.

En invierno, los zorros no beben agua ni comen nieve o hielo, pues eso reduce su temperatura interna. En vez de ello, obtienen agua del alimento, lo cual concentra nutrientes en su orina, volviéndola más potente.

Oasis en la tundra


Estos oasis en la tundra son mucho más que meras escenas hermosas: fortalecen el medio ambiente del Ártico.

Y eso se traduce en más opciones de alimento en un lugar que ofrece muy pocas, explica Jim Roth de la Universidad de Manitoba, un coautor del reciente estudio.

Una mayor diversidad de plantas brinda a los herbívoros un lugar donde apacentar durante el breve verano, explica.

“Muchas otras especies visitan las madrigueras –agrega Roth, quien ha estudiado a los zorros árticos desde 1994-. Caribúes y otros herbívoros son atraídos por la abundante vegetación, y los carroñeros van en busca de cadáveres de ánsares”.

Maravilla invernal

Los jardines de zorros ocurren en todo el Ártico, señala Person, quien expresa abiertamente su respeto por estos animales y sus habilidades.

En periodos de abundancia, los zorros árticos pueden almacenar hasta 104 huevos de ánsar nival en un solo día, otro aporte nutricional no reconocido que enriquece el suelo, y beneficia a los carroñeros oportunistas.

De orejas y hocico corto –por lo que no derrocha energía para calentarlos-, así como un pelaje aislante denso, la especie está perfectamente adaptada para el invierno, señala Person. Tan bien adaptada, de hecho, que los científicos no han podido hacer que los animales tiemblen de frío en sus cámaras de laboratorio, ni siquiera cuando bajan la temperatura a -40ºC.

“Son increíblemente eficientes. Los he visto correr y parece que ni siquiera tocan el suelo”.

El oso polar recibe toda la atención como el máximo depredador del Ártico, pero hay otro animal con apenas una fracción de su tamaño que, comparativamente, es mucho más impresionante.

 

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