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Al igual que otros animales, los chimpancés salvajes comen sus alimentos crudos. Pero a diferencia de todos los demás, los chimpancés tienen todas las capacidades cognitivas necesarias para cocinar, excepto una comprensión de cómo controlar el fuego.
 
 
Al igual que otros animales, los chimpancés salvajes comen sus alimentos crudos. Pero a diferencia de todos los demás, los chimpancés tienen todas las capacidades cognitivas necesarias para cocinar, excepto una comprensión de cómo controlar el fuego.
Foto: Cyril Ruoso, Minden/National Geographic
 
 

Los chimpancés no pueden cocinar, pero tal vez quisieran

Autor: Michael D. Lemonick Fecha: 2015-06-16

Los chimpancés son misteriosamente parecidos a nosotros y, sin embargo, tan diferentes. Pero cada vez es más difícil decir exactamente qué tan diferentes. Entre las muchas, muchas otras habilidades de los chimpancés, primatólogos se han dado cuenta de que nuestros primos evolutivos más cercanos modelan lanzas para cazar presas, intercambian sexo por comida, juegan con muñecas y no ven con simpatía a los aviones no tripulados que invaden su espacio.

El último descubrimiento: Los chimpancés tienen todas las capacidades cognitivas que se necesitan para el comportamiento exclusivamente humano de cocinar. No lo hacen en el medio natural, porque nunca han aprendido a controlar el fuego. Pero, aparte de eso, según un estudio publicado recientemente en la revista Proceedings of the Royall Academy B, los cerebros de los chimpancés están prácticamente equipados para dar el gran salto culinario que nuestros ancestros humanos directos dieron en el difuso pasado.

“Me encanta”, dice el biólogo evolutivo de la Universidad de Harvard Richard Wrangham, quien durante mucho tiempo ha argumentado que la transición de los alimentos crudos a los cocinados estimularon un dramático aumento en la capacidad cerebral de los antepasados humanos hace casi dos millones de años, dando lugar a la aparición de nuestro ancestro, el Homo erectus.

La idea es que la carne y las verduras cocidas son mucho más fáciles de digerir que las versiones crudas, proporcionando así más calorías disponibles para nuestra materia gris, hambrienta de energía. (Lee: Alimentos crudos o cocidos, ¿Qué es mejor?)

La evidencia arqueológica de la cocina, sin embargo, se remonta sólo a un millón de años, aproximadamente —mucho después del gran salto del cerebro humano—, de modo que este nuevo estudio sería un impulso para la idea de Wrangham. Si los chimpancés tuvieran la mayor parte del equipo mental listo para cocinar, los primeros humanos presuntamente lo habrían tenido también.

Los procesos mentales implicados en la cocina son demasiado complejos para ser probados en un solo experimento, dice Alexandra Rosati, bióloga evolutiva de Harvard y coautora de la nueva investigación.

“Se requiere paciencia, cognición orientada hacia el futuro; tiene que ver con cómo los animales toman decisiones sobre el tiempo y la importancia de las cosas”, añade la investigadora. “Pensábamos que era un proyecto realmente interesante y algo loco”.

Al final, Rosati y el coautor Felix Warneken, psicólogo de Harvard, hicieron nueve experimentos por separado para evaluar diferentes aspectos del pensamiento relacionado con la cocina. Por ejemplo, confirmaron que, ante la oportunidad de elegir, los chimpancés prefieren las verduras cocidas que las crudas, tal como investigaciones anteriores lo habían mostrado. También demostraron que los chimpancés comprenden que cocinar es un proceso, que los alimentos adquieren formas más sabrosas cuando entran en un horno durante unos cuantos minutos. (En este caso, el 'horno' era un recipiente con comida cocinada escondida en un compartimiento secreto; investigadores agitaban el recipiente para indicar a los chimpancés que algún proceso transformaría las verduras crudas en cocidas).

No todos los animales comprenden inmediatamente. Rosita recuerda que un macho adulto muy grande, llamado Maya, a quien le gustaban las verduras bastante bien cocidas, no acababa de comprender el proceso de “cocinar”. Dice, por último, que el chimpancé puso cautelosamente algo de comida cruda en el recipiente, casi como si estuviera pensando: “bueno, daré el paso”. Cuando Warneken empezó a sacudir el recipiente, dijo Rosita, “Maya se emocionó mucho. Empezó a vocalizar y prácticamente a dar de saltos. Casi se podía ver un foco prendiéndose en su cabeza, con la idea de que su comida se estaba ‘cocinando’”.

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Otro hallazgo impresionante, teniendo en cuenta que los chimpancés no son las criaturas más pacientes, es que pueden optar por no comer un pedazo de papa cruda inmediatamente, y postergar la gratificación el tiempo necesario para que la comida se cueza. Asimismo, en un experimento relacionado, los científicos comprobaron que los chimpancés podían llevar alimentos crudos a través de cierto espacio al chef, en vez de abarrotarse la boca de inmediato. Si para nosotros, los humanos, resistir la tentación no es cosa fácil, para los chimpancés es casi imposible.

“Estoy tan impresionado por el ingenio de los autores al elaborar estos experimentos y llevarlos a cabo de una manera tan convincente, como por los resultados”, dice Wrangham. Y Laurie Santos, psicóloga de la Universidad de Yale y experta en cognición animal, se ve igualmente maravillada. “Me gusta mucho este estudio”, admite, “y creo que es estupendo que los chimpancés puedan tener precursores cognitivos para cocinar incluso aunque no lo hagan ellos mismos”.

Así que ahora podemos tachar un elemento más en la lista de habilidades exclusivamente humanas, y resistir con fuerza la tentación de colgarle un delantal a un chimpancé para mandarlo de concursante a Top Chef.

 

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