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Un trabajador sanitario fumiga una favela, o barrio pobre, en la ciudad de Recife, Brasil. La fumigación es una de las medidas del gobierno para prevenir la diseminación del Zika.
 
 
Un trabajador sanitario fumiga una favela, o barrio pobre, en la ciudad de Recife, Brasil. La fumigación es una de las medidas del gobierno para prevenir la diseminación del Zika.
Foto: Tomás Munita
 
 

Fotos capturan la lucha cotidiana contra el mosquito del Zika

Autor: Becky Little Fecha: 2016-03-02

¿Cómo evitas que se multiplique una enfermedad que transmiten los mosquitos? Esa es la interrogante que atormenta al gobierno brasileño, que ha enviado soldados, puerta a puerta, en una misión para combatir al Zika, el virus sospechoso de causar microcefalia en niños nacidos de mujeres infectadas.

“Reparten folletos informando que debes mantener tu patio despejado de basura”, explica el fotógrafo Tomás Munita, quien ha documentado la situación en la capital del estado nororiental de Pernambuco: la ciudad de Recife, hogar de 3.7 millones de personas. Y es que cualquier objeto abandonado en el exterior, incluso una tapa de botella, puede recoger lluvia y convertirse en criadero de mosquitos Aedes aegypti, considerados los principales portadores de Zika.

Los ocho miembros de la familia de Regina Kelli Siqueira han padecido chikungunya y dengue, y también podrían haber contraído Zika.

Pero Munita señala que la campaña de información gubernamental difícilmente tendrá mucho efecto en las favelas, o barrios pobres de Brasil.

Lee: El impacto del Zika en las calles de Brasil

“Es casi imposible controlar algo así en lugares de ese tipo”, asegura. Muchas casas de las favelas son chozas improvisadas construidas con láminas de metal y cartones desechados. Y con acceso limitado al agua potable y la recolección de basura, los desperdicios se acumulan y recogen agua, creando un caldo de cultivo idóneo para los mosquitos.

Lee: ¿Son necesarios los mosquitos?

Sin embargo, la plaga de mosquitos se extiende más allá de esos barrios hacinados. Desde que llegó a Latinoamérica, con el comercio de esclavos africanos, Aedes aegypti ha sido increíblemente difícil de exterminar. En la década de 1950, programas de erradicación enormes acabaron con la plaga en algunos países, pero los mosquitos reaparecieron en las décadas de 1970 y 1980.

Soldados del Ejército brasileño se forman muy temprano por la mañana para ir, puerta a puerta, repartiendo folletos con consejos para combatir a los mosquitos.

Foto: Tomás Munita

El propio ministro de salud de Brasil, Marcelo Castro, ha dicho que su país está “perdiendo la batalla” contra los mosquitos, los cuales no solo son una amenaza como portadores del Zika. Según Munita, los residentes de Recife que no están en riesgo por embarazo temen más que el mosquito les contagie chikungunya y dengue que Zika, pues esos dos virus causan enfermedades más graves.

En estos momentos, el gobierno intenta detener la reproducción del mosquito por medios químicos, fumigando las calles y vertiendo larvicida en los tanques de agua. No obstante, Reuters informa que, muy pronto, el país intentará algo mucho más extremo: reproducir mosquitos macho en cautiverio, esterilizarlos con rayos gamma, y soltarlos donde los mosquitos hembra estén reproduciéndose.

Unos niños juegan en el barrio de Coelho. En estas condiciones, es casi imposible eliminar el agua estancada y a los mosquitos que se reproducen en ella.

Foto: Tomás Munita

Mientras tanto, quienes viven en las zonas más pobres de Recife deben decidir si vale la pena seguir el consejo del gobierno para prevenir la diseminación de los mosquitos; cosa que para muchos no es más que una realidad de vida.

“Los mosquitos están en todas partes”, dice Munita. “Y de hecho, no hay mucho que puedan hacer, excepto mantener limpias sus casas. Pero si un vecino no es limpio, todo el vecindario tendrá mosquitos”.

Un trabajador sanitario fumiga un vecindario de Recife. Munita dice que la gente suele sorprenderse cuando ven fumigadores en sus calles.

Foto: Tomás Munita

Ante el paso de los fumigadores, algunos brasileños cierran sus puertas para impedir la entrada del rocío, mientras que otros las mantienen abiertas para matar a los mosquitos que hay dentro de sus casas.

 

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