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Un agente de los Servicios de Vida Silvestre de Kenia supervisa la quema de una pila de marfil elefantino incautado. La nueva legislación nacional para la fauna ha resultado en una observancia judicial más estricta en cuanto se refiere a la caza furtiva.
 
 
Un agente de los Servicios de Vida Silvestre de Kenia supervisa la quema de una pila de marfil elefantino incautado. La nueva legislación nacional para la fauna ha resultado en una observancia judicial más estricta en cuanto se refiere a la caza furtiva.
Foto: Carl De Souza, AFP/Getty Images
 
 

2016 podría marcar el cambio en la lucha por los elefantes

Autor: J.D. O’Kasick Fecha: 2015-12-14

Una mañana de noviembre, cinco hombres hacían antesala para comparecer ante el juez de la Suprema Corte de Arusha, ciudad del norte de Tanzania. Todos estaban acusados de matar elefantes. Era la cuarta audiencia preliminar de un presunto cazador furtivo y sus cuatro cómplices, a quienes les habían presentado cargos hacía más de un año.

Los más jóvenes parecían muy tranquilos y hasta arrogantes, sonriendo y bromeando con sus novias sin la menor preocupación. El mayor del grupo, Gidabijo Gidabung’eta, hombre de mediana edad con la cabeza afeitada, permanecía sentado en silencio en una banca de piedra.

Apenas el mes pasado, Gidabijo y su equipo habían pagado una fianza en efectivo por 20,000 dólares, entregando también el título de propiedad de una casa valuada en 60,000 dólares. La corte los dejó en libertad condicional, y poco después, el magistrado que llevaba el caso amenazó con desecharlo debido a un “expediente perdido”.

Aquello hizo sonar la alarma entre algunos funcionarios gubernamentales y profesionales de la conservación, incluidos los de Honeyguide, organización de conservación comunitaria cuyos guardabosques trabajaron con la división contra la caza ilegal del gobierno tanzano para lograr el arresto de Gidabijo y hace poco, de otros criminales más famosos.

A resultas de la creciente atención exterior en el caso, el expediente perdido fue “hallado”, finalmente, y se reanudó el proceso judicial.

Desde hace años, la lucha contra la caza furtiva en Tanzania ha sido entorpecida por tecnicismos de entretelones y maniobras turbias como los expedientes perdidos (reales o deliberados). Así que, mientras los guardabosques y las autoridades se juegan la vida y consiguen hacer arrestos, de alguna manera los casos se desintegran en la corte, y los criminales vuelven a las andadas.

De igual manera, solo 10 por ciento de los detenidos en Kenia son procesados, afirma Wildlife Direct, organización no lucrativa de Nairobi que rastrea todos los procesos judiciales sobre caza ilegal. De hecho, 23 por ciento de los casos en ese país son sobreseídos por los magistrados o retirados por la fiscalía con el argumento de falta de evidencias.

John Pombe Magufuli, presidente de Tanzania, adoptó una postura firme contra funcionarios corruptos y demás implicados en la caza furtiva.

Foto: Khalfan Said, Associated Press

No obstante, el incremento de arrestos y enjuiciamientos, tan duramente logrado, es un signo prometedor en esos dos países de África Oriental, hogar de los elefantes que desempeñan un papel crítico en la industria turística de la región. Es posible que, en adelante, se hayan terminado los intentos de evadir la justicia –como el de Gidabijo-, así como la inmunidad para cazadores furtivos, traficantes de marfil y capos en general.

Llega el Buldócer

El 20 de noviembre, el nuevo presidente de Tanzania, John Pombe Magufuli, pronunció su discurso inaugural en el Parlamento y entre sus muchos decretos impactantes, hizo una advertencia a los funcionarios corruptos y demás involucrados en la caza ilegal.

“¿Cómo es posible que en China o Europa incauten colmillos que pasan por el puerto de Dar-es-Salaam?”, preguntó el mandatario, franco y directo, apodado Buldócer. “Debe hacerse algo para que esta situación no recurra”.

Desde entonces, Magufuli ha emprendido una serie de medidas para acabar con los hábitos derrochadores del gobierno e investigar la corrupción.

A menos de un mes de rendir protesta al cargo, suspendió al comisionado general de la Autoridad Tributaria de Tanzania junto con 35 de sus empleados implicados en corrupción. Ocho de ellos, incluidos funcionarios de alto nivel, han sido acusados de fraude y serán enjuiciados. Y ahora, está ejerciendo presión en el Puerto de Dar-es-Salaam, importante centro del tránsito internacional de marfil y otros productos ilegales de fauna silvestre.

El 9 de diciembre se cumplió el 54 aniversario de la Independencia de Tanzania, pero no hubo bombos y platillos, como siempre. Magufuli canceló los festejos oficiales decretando un día nacional para que la ciudadanía limpiara el ambiente (y de paso, ahorró millones de dólares). Él también participó, ayudando a recoger basura en las calles frente a la Casa de Estado.

Las medidas de austeridad del presidente han inspirado el irónico hashtag Twitter #WhatWouldMagufuliDo (#QuéHaríaMagufuli), que se ha vuelto viral en África. Muchos observadores empiezan a especular qué hará Magufuli para limpiar las agencias de vida silvestre y turismo de Tanzania pues, dado que algunos miembros del partido gobernante estaban implicados en el tráfico de marfil, cada movimiento del mandatario en este tema estará vigilado estrechamente.

En octubre, manifestantes de Nairobi, Kenia, se sumaron a la Marcha Global por los Elefantes y Rinocerontes.

Foto: Ben Curtis, Associated Press

Aun antes de la elección de Magufuli, Tanzania había alcanzado algunas victorias notables contra la caza furtiva, incluyendo los arrestos, en octubre, de Yang Feng Glan, conocida como la Reina del Marfil, y Boniface Matthew Mariango, apodado el Diablo.

El mes pasado, otros cuatro chinos fueron capturados cerca de la frontera sur de Tanzania, tratando de contrabandear 11 cuernos de rinoceronte. Y en un caso aparte, otros 12 tanzanos fueron detenidos cerca de la frontera norte en posesión de marfil.

Un peso pesado, relativamente nuevo, ha entrado en el cuadrilátero: la Unidad de Investigación de Delitos Graves Nacionales y Transnacionales (NTSCIU), equipo de elite apoyado por la Fundación PAMS, organización no lucrativa que combate la caza ilegal.

“Empezamos a ver una mayor coordinación entre las distintas agencias del gobierno”, dijo Wayne Lotter, director ejecutivo de PAMS.

Otro acontecimiento positivo ha sido la presentación de cargos y el enjuiciamiento de cazadores furtivos en las cortes de ciudades principales, consideradas menos susceptibles de corrupción que los tribunales locales. En el sur, dichos criminales suelen ser enviados a Dar-es-Salaam, mientras que en el norte terminan en Arusha.

Nuevo énfasis judicial en Kenia

En cuanto a Kenia, la Ley para Conservación y Gestión de Fauna de 2013 creó el ambiente para sentencias más severas, y los casos más importantes –como el del traficante Feisal Mohamed Ali, acusado de estar en posesión de más de dos toneladas de marfil- siguen ventilándose en las cortes.

Hace poco, Paula Kahumbu, exploradora emergente de National Geographic y directora ejecutiva de Wildlife Direct, resumió para The Guardian los logros, desafíos, y las nuevas estrategias de la incesante lucha contra la caza ilegal de elefantes y animales salvajes, y el tráfico de especies.

“Sentimos gran optimismo en que Kenia puede y de hecho, ha mejorado en este tema”, dijo Kahumbu, añadiendo que la caza furtiva de elefantes kenianos ha disminuido en 80 por ciento desde 2013. Según Kahumbu, esto se debe al fortalecimiento de los esfuerzos de las agencias judiciales en el terreno, y a una mayor coordinación de ONGs, dependencias gubernamentales, empresas y donadores.

No obstante, la tasa de condenas para cazadores furtivos en Kenia, si bien ha mejorado, aun es baja. “Ni un solo funcionario gubernamental ha sido juzgado y condenado por complicidad en el tráfico de marfil”, denunció. “Tenemos que seguir combatiendo la corrupción”.

Algunos casos recientes y muy publicitados han sido resultado de los años de trabajo de activistas como Kahumbu, empleados gubernamentales dedicados y organizaciones de conservación, algunas de las cuales complementan sus actividades contra la caza ilegal con programas para apoyar los procedimientos judiciales.

Entre ellas, Big Life Foundation, Mara Elephant Project, y Space for Giants, que colaboran con autoridades judiciales locales no solo para rastrear los casos que aún se ventilan en las cortes, sino para alentar y asistir a la fiscalía, las agencias de fauna, y demás actores que intentan llevar a los cazadores furtivos ante la justicia.

Big Life señaló que, hace solo tres años, un cazador furtivo de elefantes no habría recibido más que una multa nominal de 300 dólares, pero este año, cuatro cazadores ilegales que intentaron vender una piel de leopardo tuvieron que elegir entre una multa de 10 000 dólares o seis años de cárcel.

Aquella mañana de noviembre, en la Corte Suprema de Arusha, la audiencia de los cinco presuntos cazadores furtivos concluyó cuando el magistrado afirmó que “su caso ya es un caso”. La siguiente audiencia está programada para el 22 de diciembre.

Se espera que el juicio dé inicio en 2016. Les mantendremos informados.

J.D. O’Kasick es un consultor de la Fundación Honeyguide, organización que gestiona los proyectos tanzanos de su socio principal, Big Life Foundation sita en Kenia, y recibe apoyo de African Wildlife Foundation, The Nature Conservancy, y USAID.

 

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