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Descubrimientos en el famoso complejo funerario apuntan a influencias extranjeras y a una sucesión sangrienta tras la muerte del Primer Emperador de China.
 
 
Descubrimientos en el famoso complejo funerario apuntan a influencias extranjeras y a una sucesión sangrienta tras la muerte del Primer Emperador de China.
Foto: Cortesía: nationalgeographic.com
 
 

Nuevos hallazgos sobre los guerreros de terracota de China

Autor: A. R. Williams Fecha: 2016-12-01

 

En las cuatro décadas transcurridas desde que salieron a la luz las misteriosas estatuas de terracota, en el norte de China, los arqueólogos han desenterrado todo un ejército de gran realismo. Pero ese no era el único secreto sepultado allí. Nuevas revelaciones están reescribiendo la historia del gran gobernante que creó ese ejército de terracota como parte de su última morada. Y una teoría, nueva y radical, propone incluso que unos artistas extranjeros capacitaron a sus artesanos.

Conocido hoy como el Primer Emperador, Qin Shi Huang Di dejó un legado que lo convertiría en uno de los personajes más prominentes de la historia china. Antes de morir, en 210 a.C., unificó reinos belicosos en un solo país; puso fin al feudalismo; y construyó la que ahora es llamada la Gran Muralla China, que hoy perdura como monumento a su poder.

No obstante, su proyecto más asombroso salió a la luz en 1974, cuando unos agricultores desenterraron unas extrañas figuras mientras cavaban un pozo cerca de la antigua capital china de Xianyang. Desde entonces, numerosas excavaciones han revelado varias secciones de un grandioso complejo funerario. Varios miles de guerreros estaban albergados en tres fosos enormes, probablemente para proteger al emperador durante la eternidad. Esas estatuas son un hallazgo único en China, y eso plantea una gran interrogante: ¿cómo fue que los artistas reales concibieron semejante idea?

 

La tumba del emperador Qin Shi Huang Di contiene alrededor de 8 mil soldados de arcilla de aspecto muy realista, tumbas masivas y evidencias de una toma de poder brutal.

Foto: O. Louis Mazzatenta, National Geographic Creative

 

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Expertos identifican estas figuras de terracota como acróbatas. Algunos opinan que los detalles realistas de las esculturas son evidencia de la influencia artística griega.

Foto: Brook Lapping Productions

 

Los científicos han reunido numerosas pistas provocadoras en el complejo fúnebre real. Desenterraron acróbatas de terracota, y figuras de bronce representando patos, cisnes y grullas, las cuales muestran evidencias de la influencia griega. Además, han recuperado ADN europeo de esqueletos hallados en un sitio del noroeste de China.

Con esas pistas, los expertos han desarrollado una teoría: la inspiración de los guerreros de terracota pudo surgir de artistas extranjeros que viajaron de regiones helenizadas en Asia occidental y llegaron a China 1,500 años antes que Marco Polo. Y esos extranjeros pudieron entrenar a los artesanos locales que produjeron la estatuaria para la tumba del emperador.

 

La revelación de la mega tumba de China

Mediante teledetección, radares de penetración terrestre, y muestreo de núcleos, los científicos han revelado también que el complejo fúnebre del emperador es mucho más grande de lo que se pensaba, pues mide alrededor de 98 kilómetros cuadrados. En el centro se alza un alto montículo de tierra que cubre la tumba del monarca, la cual permanece sellada. Y muchas otras personas están enterradas en el sitio. Los arqueólogos han descubierto tumbas masivas que parecen contener los restos de artesanos y obreros –incluidos convictos encadenados- que murieron a lo largo de las tres décadas que demoró la construcción del mausoleo real. Pero otros enterramientos masivos parecen contar espeluznantes historias de una lucha brutal para capturar el trono del emperador.

 

 

Versión en español: Traducción: José Ignacio Rodríguez Diseño: José Luis Islas

Foto: Daisy Chung y Andrew Umentum, National Geographic Staff; Manyun Zou Fuentes: Zhang Weixing y Xiuzhen Li, Departamento de Arqueología, Museo del Mausoleo del Emperador Qin Shi Huang; Roberto Ciarla, “Giuseppe Tucci” Museo Nacional de Arte Oriental

 

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El “Game of Thrones” chino

Pese a su astucia y poder, el Primer Emperador no pudo asegurar que su hijo mayor lo sucediera. Fue una incapacidad que tuvo consecuencias devastadoras. Y los expertos opinan que pudo haber desatado una matanza que precipitó el final de la dinastía que fundara Qin Shi Huang Di.

Hacia 89 a.C., Siam Qian, un funcionario de la segunda dinastía, escribió un relato donde describe un periodo de intrigas palaciegas mortales: uno de los numerosos hijos del emperador conspiró con el jefe de los eunucos para asesinar a su hermano mayor, presunto heredero del emperador, y así apoderarse del trono.

Y ahora, los arqueólogos han encontrado provocadores indicios de que aquella toma de poder fue mucho más brutal de lo que sugirió Siam Qian. Hallaron un grupo de esqueletos con artefactos pertenecientes a la familia real. En su mayor parte, eran de género masculino, tal vez los hijos del difunto emperador. Y uno de los cráneos ofrece una pista del destino que corrieron. Conserva la punta metálica de una flecha de ballesta, tal vez disparada a corta distancia. Los expertos creen que esos príncipes jóvenes pudieron haber sido ejecutados por el hermano ambicioso que intentaba asegurarse el trono.

 

Una punta de flecha de ballesta permanece clavada en este cráneo masculino. Puede tratarse de un príncipe asesinado en una lucha sangrienta por el trono de su padre.

Foto: Brook Lapping Productions

 

En otra área, muy cerca del enterramiento del emperador, los arqueólogos han identificado un grupo de unas cien tumbas, pero después de excavar varias de ellas, aún no están seguros de lo que encontraron. Las cámaras mortuorias están vacías, y restos de cuerpos yacen dispersos en los umbrales junto con perlas regadas y piezas de oro. ¿Eran concubinas reales, sepultadas cerca del emperador fallecido para servirle en el siguiente mundo como hicieron en vida? ¿O acaso esas tumbas representan algo más siniestro?

Según el relato de Sima Qian, el nuevo emperador –el usurpador- mató a muchas de las concubinas de su padre. Por triste que parezca, habría sido una medida prudente para un individuo con pocos derechos al trono. El usurpador ya había asesinado al heredero y probablemente, también se deshizo de los otros hermanos, quienes eran rivales potenciales. Pero, ¿qué pasaría si algunas de las concubinas estuvieran embarazadas? ¿Y si una de ellas concebía un varón, al que después ocultaría, criaría en secreto, entrenaría para ser un gran guerrero y por fin, se presentaría como un hombre hecho y derecho, capaz de derrocar a un hermano mucho mayor, y hacerse con el título y los territorios de su padre?

Al contemplar esta posibilidad extrema, no quedaba alternativa. Las mujeres tenían que morir. Lo que no está claro es por qué desmembraron los cuerpos. Tal vez aparezcan pistas en los numerosos enterramientos que aún no han excavado.

 

El cráneo y los huesos de las piernas de una mujer joven, posibles restos de una concubina, fueron hallados cerca de la tumba del emperador.

Foto: Brook Lapping Productions

 

Con todo, la masacre fue inútil. El usurpador, Qin Er Shi, no fue ni la sombra de su padre. Su reinado duró apenas tres años, y su dinastía familiar fue derrocada muy pronto. La tumba del Primer Emperador seguramente tiene reservadas muchas más sorpresas, pero los arqueólogos no tienen proyectado excavarla en el futuro inmediato. Temen que al quedar expuestos a la luz y el aire, los frágiles artefactos puedan sufrir daños irreparables; por ello, lo más probable es que la tumba permanezca enterrada hasta un futuro en que surjan tecnologías de conservación nuevas y radicales.

Sima Qian escribió que el emperador fue colocado en un féretro de bronce, y que llenaron su cámara funeraria con bienes mortuorios suntuosos: réplicas de palacios, ríos de mercurio, “utensilios raros y objetos maravillosos”. Pero Sima Qian escribió más de un siglo después de la muerte del emperador. ¿Es posible que asentara todos los detalles correctamente?

Algunas de sus afirmaciones resultan demasiado exageradas para ser ciertas; por ejemplo, que el emperador forzó a 700,000 obreros y convictos a construir su grandioso paisaje funerario. Por otro lado, Sima Qian omite por completo algunos aspectos importantes, y no dice una palabra sobre la creación del ejército de terracota.

Sin embargo, ante la evidencia de asesinatos de la familia real cometidos antes del improbable ascenso al trono de un príncipe menor, parece enteramente posible que su descripción de la cámara mortuoria del emperador se ajuste a la realidad, y que algún día los arqueólogos descubran el legendario tesoro de Qin Shi Huang Di.

 

 

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