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Vasijas de arcilla, llamadas ánforas, son todo lo que queda de muchos de los naufragios recién descubiertos. Al estudiarlas, los arqueólogos pueden determinar qué transportaban los barcos, de dónde provenían y cuándo se hundieron.
 
 
Vasijas de arcilla, llamadas ánforas, son todo lo que queda de muchos de los naufragios recién descubiertos. Al estudiarlas, los arqueólogos pueden determinar qué transportaban los barcos, de dónde provenían y cuándo se hundieron.
Foto: V. Mentogianis
 
 

El hallazgo de 22 naufragios griegos antiguos

Autor: Nick Romeo Fecha: 2015-11-05

Descubierta recientemente cerca de un grupo de islas griegas, una avalancha de naufragios ha proporcionado a los investigadores nueva información sobre la evolución de rutas comerciales y tecnologías de navegación en el Mediterráneo oriental. Y con las nuevas exploraciones que se tienen proyectadas, es muy probable que ocurran descubrimientos adicionales.

En septiembre, en el lapso de solo dos semanas, las pistas de marinos locales y pescadores de esponjas condujeron a un equipo de arqueólogos griegos y estadounidenses a la ubicación precisa de 22 naufragios en un área de 35 kilómetros cuadrados alrededor del archipiélago de Fourni, en el Egeo oriental.

El hallazgo es notable tanto por la cantidad de naufragios en la reducida zona como por la amplitud de periodos que abarcan los navíos.

Los naufragios más antiguos datan del Periodo Arcaico (700-480 a.C.), en tanto que el más reciente es del Periodo Medieval Tardío (siglo XVI d.C.). También encontraron barcos del Periodo Clásico (480-323 a.C.) y el Periodo Helenístico (323-31 a.C.), aunque la mayor parte -12 de los 22- navegó y se hundió en algún momento del Periodo Romano Tardío (300-600 d.C.).

“Es un área de una riqueza asombrosa”, dice el director griego George Koutsouflakis, arqueólogo del Eforato Helénico de Antigüedades Subacuáticas.

Es increíblemente raro encontrar 22 naufragios en apenas dos semanas, pero es probable que haya más por descubrir en la zona, pues el equipo solo ha explorado 5 por ciento de las costas de Fourni y los pescadores de la localidad les han proporcionado más pistas.

Foto: V. Mentogianis

Todos los barcos eran navíos mercantes que recorrían una ruta que conectaba la región de Anatolia, Samos y el mar Negro con Rodas, Chipre e incluso, Egipto. Los barcos de madera suelen descomponerse bajo el agua o son consumidos por gusanos marinos, pero su cargamento –antiguas vasijas de almacenamiento hechas de arcilla, llamadas ánforas- ha sobrevivido. Cada embarcación transportaba varios centenares de ánforas, y con base en el tamaño y la forma de las vasijas, los arqueólogos pueden inferir dónde y cuándo fueron fabricadas.

Sus residuos o el análisis de ADN confirmarán el contenido, pero no hay duda de la identidad de los productos primarios.

Foto: V. Mentogianis

“A partir de naufragios comparables y sitios terrestres, sabemos que los tres artículos más importantes habrían sido aceite de oliva, vino y salsa de pescado”, informa Jeffrey Royal, un codirector de la Fundación Náutica RPM, sita en Florida.

Estos productos a granel probablemente se almacenaban en las ánforas más grandes, mientras que las más pequeñas podrían haber contenido mermeladas, frutas, miel, avellanas, almendras y artículos suntuarios como perfumes.

Muchas tripulaciones mercantes del Periodo Clásico consistían de 10 a 15 marineros. Llegado el Periodo Romano Tardío, los adelantos en tecnología de navegación, como las velas latinas que se extendían de proa a popa, redujeron las tripulaciones a solo cinco a siete personas. A diferencia de las famosas naves de guerra griegas y romanas, llamadas trirremes, los barcos mercantes, más pequeños, navegaban utilizando el poder de sus velas en vez de que bancos de remeros. (Lee: Romanos en Francia)

Al parecer, algunos de los barcos de las inmediaciones de Fourni toparon con repentinas tormentas y fuertes vientos que los hicieron pedazos contra acantilados y formaciones rocosas en aguas someras.

“Si observamos el patrón espacial de los sitios, es posible reconstruir una historia plausible de lo ocurrido”, dice Peter Campbell, un codirector del proyecto, de la Universidad de Southampton. “Parece que algunos anclaron detrás de acantilados para protegerse de un viento del noroeste, pero eso los dejó vulnerables a un viento del sur que los empujó contra los acantilados”.

Una ánfora romana es levantada por un arqueólogo para llevarla a un laboratorio en Atenas.

Foto: V. Mentogianis

Las posibilidades de supervivencia de los marineros antiguos habrían sido pocas. “De los 22 naufragios que estudiamos, tal vez hubo cuatro donde los marineros habrían podido nadar a una playa o costa. Pero la mayor parte de los sitios estaban junto a acantilados escarpados. De ninguna manera habrían sobrevivido a una tormenta”, asegura Campbell.

Los arqueólogos apenas han empezado a analizar el material recuperado de los naufragios, en septiembre, pero la cantidad obtenida de los barcos del Periodo Romano Tardío es impresionante. Sospechan que este aparente pico en el tráfico podría estar vinculado con el surgimiento de Constantinopla y el Imperio Romano Oriental en el siglo IV. Esperan que la investigación responda muchas interrogantes específicas sobre las redes comerciales marítimas de la antigüedad y cómo se relacionaban con las estructuras políticas cambiantes del Mediterráneo oriental.

Antes del estudio de septiembre, Fourni ya era un área conocida por algunos contrabandistas. Los habitantes de la localidad informaron de actividades sospechosas en el agua cerca de ciertos sitios y los arqueólogos encontraron evidencias de saqueo cuando exploraron los restos.

Precisar la localización de los 22 naufragios facilitará que las autoridades griegas supervisen los sitios. Los arqueólogos esperan también que el conocimiento adquirido durante las excavaciones brinde a las comunidades locales una conexión más estrecha con su historia.

“Una población local comprometida es la mejor forma de protección”, afirma Campbell.

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