Momia del siglo XVII cuestiona la historia de la viruela

Publicado el día 21 de Diciembre del 2016, Por Maryn McKenna

La viruela era sigilosa e implacable, deformante y mortal, tan traumatizante que fue la primera enfermedad para la cual se buscó y obtuvo una vacuna, y la primera que la humanidad erradicó. Un equipo multinacional de investigadores, dirigido por un grupo del Instituto DeGroote para Investigación de Enfermedades Infecciosas, en la Universidad McMaster, Ontario, Canadá ha recuperado y secuenciado el ADN del virus de la viruela obtenido del cuerpo momificado de un infante sepultado en Lituania en el siglo XVII. Luego de comparar el material genético con muestras modernas de viruela, notaron que el parecido era sorprendente. Y tras construir un “reloj molecular” que rastrea la evolución de las cepas hasta un antepasado común, determinaron que el virus databa, a lo sumo, de 1588. Esa fecha es varios siglos posterior a los casos de viruela identificados en las descripciones históricas de India y China, y a la inferida con base en el aspecto de las momias egipcias.

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Devastó ciudades, detuvo el crecimiento de imperios, y trastornó las líneas sucesorias de casas reales como si barajara naipes. Un historiador lo llamó “el más terrible de todos los ministros de la muerte”.

La viruela era sigilosa e implacable, deformante y mortal, tan traumatizante que fue la primera enfermedad para la cual se buscó y obtuvo una vacuna, y la primera que la humanidad erradicó.

Fue la enfermedad más temida en la historia. Pero ahora, un logro de la genética molecular cuestiona nuestra comprensión de esa historia.

Un equipo multinacional de investigadores, dirigido por un grupo del Instituto DeGroote para Investigación de Enfermedades Infecciosas, en la Universidad McMaster, Ontario, Canadá ha recuperado y secuenciado el ADN del virus de la viruela obtenido del cuerpo momificado de un infante sepultado en Lituania en el siglo XVII.

Luego de comparar el material genético con muestras modernas de viruela, notaron que el parecido era sorprendente. Y tras construir un “reloj molecular” que rastrea la evolución de las cepas hasta un antepasado común, determinaron que el virus databa, a lo sumo, de 1588.

Esa fecha es varios siglos posterior a los casos de viruela identificados en las descripciones históricas de India y China, y a la inferida con base en el aspecto de las momias egipcias.

 

Acercamiento de las manos de una momia lituana.

A partir de sus resultados, publicados en la revista Current Biology, los investigadores concluyen que es posible que los relatos históricos fueran diagnósticos erróneos de otras enfermedades exantemáticas, y resaltan la necesidad de más muestras antiguas para confirmar o desmentir la historia de la viruela.

 

 

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Una sorpresa viral

El estudio del ADN antiguo es terreno conocido para el grupo que llevó a cabo la investigación. Dicho equipo está encabezado por Hendrik Poinar, quien reconstruyó el ADN del mamut lanudo y recuperó los genomas de bacterias de plaga obtenidos de los dientes de esqueletos del siglo XVI (también es hijo del científico cuyo trabajo, extrayendo estructuras celulares de insectos preservados en ámbar, inspiró la película Jurassic Park).

Sin embargo, el equipo no emprendió su estudio en busca de la viruela; eso fue una sorpresa. El trabajo inició como una oportunidad para obtener tejidos de un grupo inusual de momias preservadas en una iglesia de Vilna, Lituania, las cuales integran el proyecto de estudio de Dario Piombino-Mascali, un antropólogo físico y explorador de National Geographic.

“Son momias completamente naturales, en el sentido de que no se llevó a cabo proceso alguno para desecarlas”, explica Piombino, investigador visitante de la Universidad de Vilna.

“Hay 23 momias cuyos tejidos blandos se encuentran en un estado de conservación bueno a excelente. Siete están intactas, así que solo las hemos estudiado con tomografía computarizada. No obstante, tomamos muestras de tejido de las que tienen algo de pérdida de sustancia o carecen de alguna parte del cuerpo”.

El primer tejido que Piombino entregó al laboratorio de Poinar fue obtenido de un cuerpo parcialmente preservado: la pelvis y las piernas de un niño o una niña que, según el equipo, debió contar entre 2 a 4 años cuando murió, entre 1643 y 1665.

Las extremidades no mostraban señales de enfermedad, como pústulas visibles. El laboratorio extrajo y secuenció el material genético de la muestra con la intención de buscar un organismo llamado JC polyomavirus, el cual es objeto de interés de uno de los miembros del equipo de investigación.

 

Uno de varios cuerpos momificados naturalmente, hallados en una iglesia de Lituania.

Para su sorpresa, el revoltijo de material genético de la muestra arrojó más de 200 coincidencias que apuntaban al ADN fragmentario, dañado y no infeccioso de la viruela.

Luego de estudios ulteriores, el equipo extrajo y reorganizó todo el genoma de Variola, el virus causante de la viruela, y lo comparó con los registros de otras muestras de viruela. La muestra externa más antigua databa de 1944 y la más reciente era de 1977, justo antes que la enfermedad se declarara erradicada.

Debido a que las muestras modernas tenían fechas de obtención precisas, el equipo pudo usarlas para medir el grado de diferencia evolutiva entre ellas; la divergencia entre las muestras modernas y la del siglo XVII; y para predecir una tasa consistente de mutación del virus.

“Podemos retroceder en el tiempo y construir el proceso evolutivo a la inversa”, informa Ana Duggan, primera autora del artículo y candidata postdoctoral en el Instituto DeGroote.

Al llegar al otro extremo de ese proceso, determinaron la fecha de un antepasado común único en el cual convergían las diferencias evolutivas. Esa fecha oscila entre 1588 y 1645. De ser correcta, confirmaría que la viruela fue la causa de las epidemias terribles en que se sustenta su reputación maligna, pero la exoneraría de toda responsabilidad en los casos milenarios descritos en los anales históricos.

Duggan señala que el hallazgo más importante de la investigación fue que la diversidad de los genomas virales estudiados “no es particularmente alta”.

“Si mantienes la narrativa histórica de que la viruela tiene miles de años de antigüedad –ya sea que digas que la viruela inicia con momias de 2,000 años o extrapoles aún más y afirmes que la viruela ha estado con nosotros desde el inicio de la agricultura-, cabría esperar mucha más diversidad, y eso no es lo que encontramos”.

 

 

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Susto bioterrorista

En su artículo, el equipo afirma que puede haber evidencias históricas que respaldan esta revisión de la cronología. Por ejemplo, las “actas de mortalidad” municipales solo empiezan a mencionar la viruela severa en 1632. Y otras enfermedades relacionadas, como la viruela bovina y la viruela símica, causan erupciones pustulosas parecidas (un brote de viruela símica, diseminada por mascotas exóticas, provocó un susto de bioterrorismo en 2003, en el medio oeste de Estados Unidos).

Aunque erradicada del planeta, la viruela no ha muerto del todo; hay muestras del virus bajo confinamiento en los Centros para Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y también en Rusia. Pero como el virus se considera un agente de bioterrorismo, pocos investigadores trabajan con él.

Uno de los decanos en la investigación de la viruela, Inger Damon, de CDC, dijo en un correo electrónico que el artículo “ilustra, de manera impresionante, los logros en los métodos para obtener información genómica de materiales biológicos antiguos. Los autores proponen varias ideas útiles sobre la aplicación de métodos de datado molecular”.

 

Féretros hechos de pino o roble aún yacen en la cripta donde fue hallado el cuerpo con el virus de viruela más antiguo.

 

El equipo pretende seguir adelante con su trabajo, pero podría ser una lucha cuesta arriba pues, hasta ahora, se han hecho pocas investigaciones con ADN antiguo enfocadas en virus, de modo que no hay mucho con lo que puedan comparar su trabajo. Y como es comprensible, los genomas de viruela son muy escasos.

“Nos interesa, sobre todo, encontrar muestras del Nuevo Mundo de principios del siglo XVI; pues la viruela que transmitieron los europeos estuvo implicada en la caída de las sociedades nativas americanas –dice Duggan-. Si contáramos con cepas más antiguas, tal vez podríamos desarrollar un escenario completamente distinto”.

 

 

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