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En la famosa cueva de Lascaux, Francia, los artistas prehistóricos hicieron más que decorar las paredes con imágenes de animales. También dejaron símbolos geométricos misteriosos, como el cuadrángulo y los puntos negros que se encuentran debajo de este ciervo de la Edad de Hielo.
 
 
En la famosa cueva de Lascaux, Francia, los artistas prehistóricos hicieron más que decorar las paredes con imágenes de animales. También dejaron símbolos geométricos misteriosos, como el cuadrángulo y los puntos negros que se encuentran debajo de este ciervo de la Edad de Hielo.
Foto: Sisse Brimberg, National Geographic Creative
 
 

Símbolos de la Edad de hielo, posible pista del origen de la escritura

Autor: Heather Pringle Fecha: 2016-06-09

Desde hace décadas, los arqueólogos han estudiado minuciosamente las espectaculares imágenes de caballos en estampida y bisontes embistiendo que los artistas de la Edad de Hielo plasmaron hace más de 10,000 años en las paredes de cuevas europeas. Pese a ello, pocos investigadores han prestado mucha atención a los sencillos símbolos geométricos que suelen acompañar esas creaciones. Incapaces de interpretar o descifrar las marcas, muchos arqueólogos las descartaron como simples decoraciones.

Pero ahora, la paleoantropóloga Genevieve von Petzinger, estudiante doctoral de la Universidad de Victoria, Canadá, y Exploradora Emergente de National Geographic, ha realizado un nuevo estudio de los símbolos, deduciendo nuevas pistas sobre su propósito. En un libro de próxima publicación, titulado The First Signs (Los primeros símbolos), von Petzinger informa que, a lo largo de un periodo de 30,000 años, los europeos de la Edad de Hielo utilizaron solo 32 tipos de símbolos geométricos distintos, lo que sugiere que las marcas “pretendían transmitir información”, un primer paso en el largo camino de la humanidad hacia el desarrollo de la escritura.

Nieta de un descifrador que trabajó en Bletchley Park, Inglaterra, durante la Segunda Guerra Mundial, von Petzinger inició su estudio hace casi una década. “Me interesaba hallar patrones en los símbolos a través del tiempo y el espacio”, dice. Y le pareció que un buen lugar para empezar eran los bien datados sitios franceses de arte rupestre de la Edad de Hielo, así que analizó los inventarios de pinturas y grabados de las cuevas para obtener los registros de símbolos geométricos. Después clasificó las marcas por tipo, las ingresó en una base de datos relacional, y luego buscó patrones en los datos.

Genevieve von Petzinger descubrió que en la Edad de Hielo se emplearon solo 32 símbolos geométricos distintos.

Foto: D. von Petzinger

Los hallazgos preliminares la tomaron por sorpresa. Creyó que los artistas de la Edad de Hielo habrían empezado con unos cuantos tipos de símbolos y con el tiempo, habrían aumentado gradualmente el repertorio, una tendencia hacia la complejidad que otros investigadores habían observado en el desarrollo de herramientas. Mas eso no fue lo que ocurrió en Francia. Por el contrario, la investigadora canadiense descubrió que casi tres cuartas partes de los tipos de símbolos ya se usaban durante el periodo Auriñaciense, que abarcó de 40,000 a 28,000 antes de nuestra era, aproximadamente. Una complejidad tan temprana no parecía el inicio de una tradición. Por el contrario, sugería que los orígenes de los símbolos yacían en otra parte.

Intrigada, von Petzinger expandió su estudio a toda Europa, revisando los informes de 367 sitios de arte rupestre del Paleolítico Superior, desde el norte de España hasta los montes Urales de Rusia. Además, buscó menciones de marcas en arte portátil, como un collar de dientes de ciervo hallado en la tumba de una mujer de la Edad de Hielo, llamada la Dama de St. Germaine-la-Rivière.

Dos semanas bajo tierra

No obstante, muchos de los inventarios existentes carecían de los detalles que von Petzinger necesitaba para clasificar los símbolos. De modo que viajó a Europa con su marido, el fotógrafo Dillon von Petzinger, para registrar los símbolos de 52 cuevas pocas veces visitadas. “Pasamos el equivalente a dos semanas bajo tierra”, dice la paleoantropóloga. Y en ese tiempo, la pareja descubrió varios símbolos que habían pasado inadvertidos hasta entonces.

El estudio resultante fue una revelación: encontró solo 32 tipos de símbolos que se utilizaron en todo el continente durante el Paleolítico Superior. “Comprendí que, para que hubiera tal continuidad entre todos esos sitios, nuestros antepasados debieron tener un sistema”, escribe. Además, la diversidad temprana de los símbolos geométricos que había hallado en Francia se repetía por toda Europa. Eso sugería que los humanos modernos habían inventado los símbolos mucho antes de llegar a Europa, probablemente en su hogar africano.

Las marcas en estos dientes podrían ser recordatorio para recitar una historia tribal importante.

Foto: D. von Petzinger

Pero, ¿cuál era, exactamente, la finalidad de las marcas? En La Pasiega, una cueva decorada de España, los primeros investigadores del arte rupestre encontraron una extraña secuencia de pinturas de la Edad de Hielo, situada como a 3.6 metros por arriba del suelo. Distribuidas en tres grupos separados por espacios, las marcas de La Pasiega parecían un mensaje corto escrito, lo que invitó a especular que los símbolos formaban un sistema de escritura primitivo.

Pese a ello, von Petzinger no encontró evidencias que sustentaran esa idea. Señala que, por definición, un sistema de escritura “es la representación sistemática del lenguaje hablado”. Así que cualquier idea o pensamiento que el hablante pueda expresar verbalmente puede ser anotado o inscrito. Sin embargo, los artistas de las cavernas europeas no tenían una cantidad suficiente de símbolos geométricos, ni los combinaban de una manera correcta, para representar todas las palabras que hubieran podido ocurrir en su lenguaje. “No me parece que tengamos todas las complejidades para escribir un párrafo o un soneto”, concluye von Petzinger.

En cualquier caso, asegura que los símbolos de la Edad de Hielo significan algo. Ciertas marcas, como las líneas serpenteantes que descubrió en un sitio de la región del Valle de Côa, Portugal, podrían ser representaciones cartográficas de un río o algunas características del paisaje. Otros símbolos, como las líneas inscritas en el collar de dientes de ciervo, tal vez eran recordatorios para los oficiantes de ceremonias que presidían rituales importantes o relataban historias del origen de una tribu. Según Von Petzinger, esas marcas parecen haber sido una manera de almacenar información externamente; una forma de comunicación gráfica que, eventualmente, condujo a la escritura.

El paleoantropólogo Ian Tattersall, curador emérito del Museo Estadounidense de Historia Natural de Nueva York, encuentra muy valioso el nuevo estudio. “Es muy satisfactorio que se dé relevancia al simbolismo abstracto –dice-. Tenemos maravillosas imágenes de animales en cuevas como Chauvet y demás, pero eso es solo un aspecto. Es claro que los elementos simbólicos tenían un significado”.

Otros investigadores opinan que la investigación de Von Petzinger probablemente renovará el interés en un campo que ha sido abandonado. “Esto hará que la gente vuelva a pensar en los símbolos, y la extensión del registro de símbolos despertará el interés de los estudiosos”, dice Louise Leakey, paleoantropóloga del Instituto Cuenca de Turkana en Nairobi, Kenia.

Sin duda, von Petzinger agradecerá la colaboración de otros arqueólogos en este campo de investigación, pues está convencida de que hay mucho por descubrir.

“En lo personal, creo que si [nuestros antepasados] no hubieran dado esos primeros pasos tentativos en el mundo de la comunicación gráfica, sus descendientes no habrían tenido los bloques de construcción cognitivos para crear los sistemas de escritura que hoy damos por sentados”, concluye en The First Signs.

 

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