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Así fue como las jirafas ganaron por un cuello

Autor: Brian Switek Fecha: 2015-10-14

Las jirafas han enseñado sobre la evolución a generaciones de estudiantes. No directamente, claro.

La comunicación mediante siseos nocturnos es un obstáculo a la enseñanza en un salón de clases. Sin embargo, la jirafa moderna –Giraffa camelopardalis- suele citarse como ejemplo de libro de texto para demostrar que Darwin y Wallace tenían razón y que Lamarck estaba equivocado.

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El argumento es más o menos así. Imagina una pequeña protojirafa hambrienta contemplando unas deliciosas hojas en lo alto de un árbol. Un proponente de la escuela evolutiva de Lamarck supondría que el pequeño “jirafoide”estiraría el cuello para atrapar las hojas más bajas y con el esfuerzo, desarrollaría un pescuezo más largo que, después, heredaría a sus hijos. Instrucciones: repetir hasta mejorar los resultados. En cambio, un darwiniano esperaría que las protojirafas presentaran cuellos de distinta longitud y las que, casualmente, lo tuvieran un poco más largo alcanzarían más comida, sobrevivirían más tiempo y se aparearían con suficiente frecuencia para pasar esa variación a la siguiente generación, que a su vez repetiría el escenario.

Aunque el ejemplo es una caricatura de lo que en realidad pensaba Lamarck, resulta conveniente para llegar a la ecuación evolutiva básica que desarrollaron Darwin y Wallace individualmente. Con todo, pese a la popularidad del experimento teórico, poco sabemos de la manera como la jirafa obtuvo, realmente, su cuello. Los altos fisgones arbóreos de hoy tuvieron que evolucionar de antepasados con cuellos cortos. Pero, ¿cómo? La respuesta nos llega de un nuevo estudio de Melinda Danowitz, anatomista del Colegio de Medicina Osteopática y sus coletas del Instituto de Tecnología de Nueva York.

Las jirafas no son los únicos animales que han desarrollado cuellos impresionantemente largos. Por ejemplo, los dinosaurios saurópodos y los plesiosauros acuáticos se estiraron a longitudes ridículas añadiendo vértebras a sus columnas y alargando huesos individuales.

Pero las jirafas tienen en el cuello la cantidad normal de vértebras que la mayoría de los mamíferos –siete-, si bien el primer elemento en la región torácica de la columna está modificado como un posible octavo hueso “cervical”. Pero nada más. Restringida por la anatomía mamífera, la evolución modeló las jirafas de manera distinta que los saurios de cuello largo.

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Danowitz y sus coautores analizaron las peculiaridades anatómicas de 71 vértebras de 11 especies de jirafas, las cuales abarcaban un periodo de más de 16 millones de años hasta el presente, y se enfocaron en la segunda y tercera vértebras cervicales. Y resulta que el cuello proporcionalmente largo no es novedad para estos mamíferos.

El mejor candidato para una protojirafa real, Prodremotherium, y una jirafa primitiva llamada Canthumeryx, ya tenían vértebras cervicales más largas que anchas. “El linaje de los jiráfidos no solo inició con un cuello relativamente alargado”, escriben Danowitz y sus coautores, “sino que el alargamiento cervical precede a Giraffidae”, subgrupo de jiráfidos que típicamente abarcaba a todas las formas de cuello largo.

Foto: Danowitz et al., 2015.

No obstante, aunque las jirafas más primitivas ya tenían vértebras ligeramente alargadas, no había una “Marcha de progreso” hacia las imponentes alturas. Al menos un linaje de jiráfidos –y tal vez más- regresó a los cuellos acortados con vértebras gruesas. Giraffokeryx se cuenta entre las jirafas más primitivas de cuello corto que registraban el follaje de poca altura hace unos 12 millones de años, y hace al menos tres millones de años, lo mismo hicieron Sivatherium, Bramatherium y el okapi. Los “cuellos cortos” proliferaron junto con sus parientes larguiruchos, y es por eso que hoy tenemos jirafas de cuello largo y cuello corto.

Las jirafas de cuello realmente largo evolucionaron hasta hace 7.5 millones de años. Samotherium, Palaeotragus, Bohlinia, la extinta Giraffa sivalensis y nuestra contemporánea Giraffa camelopardalis conservan suficientes rasgos de transición para que Danowitz y colegas reconstruyan cómo ocurrió el estiramiento. No fue solo cuestión de extender las vértebras como si fueran una suerte de chicle anatómico. La mitad frontal de la vértebra cervical de Samotherium y Palaeotragus se alargó, generando formas intermedias entre la moderna Giraffa y sus predecesores acortados. Luego, hace unos dos millones de años, más o menos, el linaje que dio origen a la moderna Giraffa estiró la mitad posterior de las vértebras cervicales, dándole más altura y convirtiéndolas, literalmente, en la más alta de su clase.

Si pudiéramos organizar todos esos fragmentos y pedazos de fósiles en un corto cinematográfico para recrear la evolución de la jirafa, no terminaríamos con la homogénea transformación de un herbívoro de baja estatura en un alto escudriñador de follaje con pelaje a cuadros. Habría cortes, saltos e historias intercaladas, y el final no sería un objetivo sino una casualidad. En pocas palabras, es hora de volver a actualizar los libros de texto.

 

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