Más allá de Naia

Publicado el día 24 de Octubre del 2016, Por Erick Pinedo

Con el esqueleto de la primera americana, descubierto en Quintana Roo, estaban los restos de diversos mamíferos.

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En 2014, un equipo de investigadores buzos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con apoyo de National Geographic Society, Instituto Waitt, Archaeological Institute of America y National Science Foundation. realizaron una inmersión en una cueva sumergida llamada Hoyo Negro, para encontrarse con los restos óseos más antiguos de un ser humano que se hayan descubierto en el continente americano.

Bautizada Naia, el esqueleto intacto de esta adolescente de entre 13,000 y 12,000 años de antigüedad, con ADN conservado, arrojó nueva información sobre el origen y la evolución de las primeras comunidades de América, confirmando una de las teorías migratorias que propone al estrecho de Bering como puente de paso para los antiguos nómadas. Sin embargo, a pesar del gran impacto histórico y científico de este descubrimiento, Naia no era la única esperando en las profundidades de Hoyo Negro para ser descubierta.

Junto a ella se encontraron restos de otros animales que, a lo largo de la historia geográfica de la península, utilizaron el sitio como refugio o ruta de tránsito dentro del actual sistema de cuevas Sac Actun, en Quintana Roo; incluso se cree que varios de ellos, incluyendo a Naia, pudieron haber quedado atrapados aquí hasta su muerte.

"Hace más de 10,000 años -al finalizar la última glaciación-, el paraje de lo que es hoy la Península de Yucatán era muy diferente. Las cuevas que hoy están inundadas alguna vez estuvieron secas y sirvieron como refugio y fuente de agua, tanto para humanos como animales. Algunas de estas cuevas se convirtieron en trampas en las que caían sin posibilidad de salir", dice la arqueóloga Pilar Luna, directora del proyecto en México y subdirectora de arqueología subacuática del INAH.

Se han descubierto restos de 26 grandes mamíferos, de los cuales 11 han sido identificados: un gonfoterio (Cuvieronius cf. Tropicus) -pariente del mastodonte cuyos restos datan de hace unos 40,000 años-, un tigre dientes de sable (Smilodon fatalis) y dos perezosos gigantes del tipo Shasta y Megalonychid, todos extintos. También se hallaron restos de puma, lince, coyote, tapir, puerco de monte, coatí, murciélago frugívoro y un oso del género Tremarctos -emparentado con los osos andinos-.
Así como las osamentas de Naia, los restos óseos de fauna encontrados hasta ahora presentan un excelente estado de preservación debido al ambiente subacuático en el que fueron encontrados.

Más allá de la reestructuración de la historia migratoria de la humanidad, el descubrimiento "amplía el conocimiento del conjunto faunístico que existió en la península de Yucatán a finales del Pleistoceno. Por otro lado, aquellos que resulten contemporáneos a Naia, nos permitirán conocer parte del paleoambiente con el que los primeros humanos se relacionaron y la forma de aprovecharlo", explica el Doctor Joaquín Arroyo-Cabrales, profesor investigador del Laboratorio de Arqueozoología del INAH.

La adición de estas especies a los registros fósiles de México permitirá inferir de manera más precisa"los patrones de evolución y migración de las especies neotropicales hacia el norte y de las neárticas hacia el sur", según Arroyo-Cabrales. De esta forma, se confirmaría que, desde el Pleistoceno tardío (entre 300,000 y 11,000 años atrás), la región ha sido uno de los sitios más megadiversos del planeta.

 

Mira las imágenes de este hallazgo:

 

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