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Selva tropical en venta

La demanda de petróleo está sofocando uno de los rincones más silvestres del mundo

FECHA DE PUBLICACIÓN:2013-01-29     AUTOR: Scott Wallace

Fe de erratas
Debido a un error solo imputable a la redacción de National Geographic en Español en el artículo "Selva tropical en venta", de la edición de enero de este año, apareció guaraní donde debía leerse huaorani. Ofrecemos una disculpa a nuestros lectores pero principalmente a las etnias huaorani y guaraní. Este gazapo fue corregido para la versión en web donde ya se encuentra el nombre correcto.



Las hojas aún gotean por el aguacero nocturno cuando Andrés Link se cuelga la mochila y emprende el camino en la fresca y húmeda mañana. A pesar de que el día apenas comienza, la selva resuena con reclamos y parloteos: el ronco rugido del mono aullador, el hueco golpeteo de un pájaro carpintero, el chillido de los monos ardilla persiguiéndose de rama en rama. A lo lejos se percibe un extraño ulular que se apaga por momentos y luego vuelve a intensificarse.

"¡Escucha! -dice Link, sujetando mi brazo y ladeando la cabeza-. Monos titi". ¿Puede oírlos? Son dos, cantando a dúo. Esa celebración estridente es el fondo musical que diariamente acompaña a Link a través de lo que podría ser el sitio de mayor biodiversidad en la Tierra. El primatólogo de la Universidad de los Andes investiga el mono araña y se dirige hacia un lamedero de sal donde suelen congregarse los animales de estudio, situado como a media hora de marcha.

Ceibas gigantescas y ficus de raíces extensas se elevan como columnas romanas hacia la bóveda arbórea; sus ramas bifurcadas cubiertas de orquídeas y bromeliáceas sostienen nutridas comunidades de insectos, anfibios, aves y mamíferos, mientras los matapalos estrechan sus troncos en un abrazo cada vez más apretado.

Descendemos por una pendiente que lleva a una selva tachonada de extrañas Socratea, las "palmeras caminadoras", cuyas raíces, cual zancos de un metro de longitud, les permiten desplazarse ligeramente en su búsqueda de luz y nutrientes: una de millones de adaptaciones evolutivas que se observan alrededor de la Estación de Biodiversidad Tiputini (EBT), centro de investigaciones que la Universidad San Francisco de Quito ha establecido en una superficie de 650 hectáreas de selva virgen en el linde del Parque Nacional Yasuni, que abarca 9,800 kilo?metros cuadrados de un prístino hábitat de selva tropical al oriente de Ecuador.

"Podría pasar toda su vida en este lugar y sorprenderse con algo cada día", asegura Link. En las inmediaciones de la EBT hay 10 especies de primates y una variedad de aves, murciélagos y ranas que supera la de cualquier otra región de Sudamérica. En una sola hectárea de la selva tropical hay más especies de insectos que las conocidas en la totalidad de los territorios de Estados Unidos y Canadá.

La ubicación de Yasuní favorece esta profusión. El parque esta en la intersección de los Andes, el Ecuador y la región amazónica, como una diana ecológica en la que convergen numerosas comunidades de plantas, anfibios, aves y mamíferos; donde los aguaceros son casi cotidianos y los cambios de estación apenas perceptibles, de suerte que las condiciones de sol, calor y humedad son constantes a lo largo del año.

Esa región del Amazonas también es hogar de los quechuas y los huaorani, dos pueblos indígenas que habitan asentamientos dispersos a orillas de los caminos y ríos. A fines de los años cincuenta se registró el primer contacto pacífico entre misioneros protestantes y huaoranis, y actualmente la mayoría de esas comunidades participa en el turismo y el comercio con el mundo exterior, como hacen sus antiguos enemigos tribales, los quechuas.

 



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