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Minas terrestres | Los campos que sanaron
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Las minas terrestres lisiaron una Camboya devastada por la guerra. Hoy día, ese país es un modelo de cómo recuperarse de este flagelo.
Como todas las organizaciones desminadoras oficiales, el equipo de Aki Ra ya no desactiva las minas, sino que las detona in situ. En cuclillas tras un árbol, Aki Ra presiona el botón rojo. La explosión es aterradora. En la guerra que hizo arder Camboya de 1970 a 1998, todos los bandos usaron minas. Hay más de 30 tipos diferentes.
La mayoría fue fabricada en China, Rusia o Vietnam, algunas en Estados Unidos. Pol Pot, cuyo régimen fue responsable de la muerte de 1.7 millones de camboyanos entre 1975 y 1979, supuestamente llamaba a sus minas "los soldados perfectos". Nunca duermen. Esperan, con paciencia infinita.
Aunque son armas de guerra, dos cosas distinguen las minas terrestres de las balas y las bombas. La primera es que están diseñadas para mutilar en vez de matar, porque un soldado herido requiere la ayuda de otros dos o tres y así se reducen las fuerzas enemigas. La segunda, y más siniestra, es que cuando termina la guerra las minas permanecen enterradas, listas para explotar. Solo 25% de las víctimas en el mundo son soldados. El resto son civiles.
Pese a su historia terrorífica, Camboya se ha convertido en un modelo de cómo una nación puede recuperarse del azote de las minas. En el país hay más de una docena de programas para desminar, de educación sobre el riesgo de las minas y de asistencia para los sobrevivientes.
El número de hombres, mujeres y niños que mueren o resultan heridos cada año por minas (tanto antipersonales como antitanques), vestigios explosivos de la guerra, o por IED se ha reducido drásticamente de un máximo de 4,320 en 1996 a 286 en 2010. A los sobrevivientes se les ofrece asistencia médica y capacitación.
Todos los estudiantes aprenden sobre los riesgos de los explosivos. Se han trazado los mapas de muchos campos minados y sistemáticamente se los limpia. Existe incluso el Museo de Minas Terrestres de Camboya, credo por Aki Ra. Se encuentra a las afueras de Siem Riep, y ahí se muestran las minas y la munición de artillería que él desactivó.
En todo el mundo hay millones de minas terrestres, enterradas en casi 80 países y regiones (de Angola a Afganistán, de Vietnam a Zimbabue), es decir, en uno de cada tres países. Muchos siguen el ejemplo de Camboya. En 2002 se reportaron casi 12,000 personas muertas o mutiladas por minas u otros explosivos.
Desde entonces, el número de víctimas anuales se ha reducido a menos de 4,200. Esta mejora tan significativa es resultado directo de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonales, cuyo tratado se firmó en Ottawa en 1997. Es un acuerdo internacional que prohíbe el uso, la producción y la transferencia de minas terrestres y que exige la destrucción obligatoria de todas las reservas.
Actualmente hay 157 naciones afiliadas al tratado, incluyendo Afganistán, Liberia, Nicaragua y Ruanda, pero otras 39 se han rehusado a firmar, entre ellas China, Rusia, Corea del Norte y Estados Unidos.
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