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La curiosa evolución de las plumas
Abu Bakar Baasyir vive en una modesta casa de una planta en los terrenos del internado que ayudó a fundar en el tranquilo poblado de Ngruki, en medio del altiplano central de la isla principal de Indonesia, Java. Baasyir tiene 71 años, es delgado como un tallo, lleva barba de candado y tiene ojos oscuros vivarachos ampliados por gafas con montura de oro. Es el presunto dirigente espiritual del grupo militante islámico Jemaah Islamiyah, al que se ha relacionado con por lo menos media docena de atentados con bombas en Indonesia durante la última década, incluidas las devastadoras explosiones en clubes nocturnos de Bali en 2002 y, quizá, los atentados suicidas registrados en hoteles de lujo de Yakarta el verano pasado.
Quizá la expresión por antonomasia del islam sonriente puede hallarse en Yakarta, la desordenada y frenética capital de Indonesia, donde se construyen extravagantes centros comerciales y cines con nombres como Hypermart y Blitzmegaplex, y lujosas torres de departamentos colindan con barriadas atestadas.
Allí, en una calle lateral de grava, se halla la atiborrada y polvorienta oficina de Ki Demit. Ki es el sobrenombre honorífico concedido a los místicos indonesios. Ki Demit, cuyo nombre significa "pequeño fantasma", tiene 28 años y cara de bebé, es hijo de otro ki ?Gran Fantasma?, así como nieto y bisnieto de místicos. "Provengo de la estirpe más mágica de Indonesia", señala.
En casi todo el Medio Oriente, una afirmación de ese tipo sería herética (está prohibido en el islam cualquier suceso paranormal no atribuido a Alá), pero en la sala de espera de Ki Demit está el menú de sus hechizos grabado en un batik negro. Estos incluyen: santet (enviar un maleficio), pelet (obtener un amante), kekebalan (inmunidad de lesiones) y kejantanan (destreza en la cama).
Una pared está cubierta de fotografías de celebridades -una estrella de telenovelas, un cantante, un comediante-, quienes han buscado la ayuda de Ki Demit o de su padre. Los clientes de Ki Demit se sientan en el piso, frente a él, con las piernas cruzadas; arriba, un ventilador de techo que chirría; la habitación atiborrada de velas y botellas de perfume, así como sartas de cuentas para los rezos y cuchillos antiguos.
"Pero no quiero competir con Dios. Sólo soy su mediador". Al concluir muchas de sus sesiones le dará al cliente un puñado de flores secas que según él están imbuidas de poderes sobrenaturales. Una vez que el cliente toma un baño con las flores, dice, comienza su hechizo.
"Soy un buen musulmán -insiste Ki Demit-. Desde luego que rezo cinco veces al día. Desde luego que observo el ramadán; pero mucho antes de que el islam llegara a Indonesia, mis antepasados practicaban estos rituales. Mi padre me adiestró como ki y cuando yo tenga un hijo, desde luego, lo adiestraré. Abrazo fuertemente al islam, pero me aferro estrechamente a mis poderes. No se puede jugar con este poder".
Del otro lado de la ciudad, con respecto a la oficina de Ki Demit, está el estudio de televisión donde la cantante y conductora de un programa de entrevistas, Dorce Gamalama, grababa su programa diario (antes de que terminara en mayo pasado). Es la Oprah de Indonesia, famosa por su apodo, Bunda, que significa "madre".
Grabó su último programa en el estudio frente a un público compuesto en su mayoría por mujeres de mediana edad con pañuelos en la cabeza; los musulmanes conservadores parecen ser sus principales admiradores, quizá porque Dorce misma, bajo la intensa energía y electrizantes sonrisas, es una musulmana devota.
Cerca de su casa, en Yakarta, ha construido su propia mezquita. Ah, otra cosa: Dorce nació varón. Es transexual. Ha tenido su "dolencia", como la llama, toda la vida, y tuvo una operación de cambio de sexo a los veintitantos. Ha estado casada dos veces, las dos con hombres.
Posee 300 pares de zapatos y 1,000 pelucas. Canta, baila y dice chistes levemente subidos de tono. No está exenta de hacer el ridículo ocasionalmente. "Soy una persona normal -afirma-. Me comporto como una mujer. ¡Incluso soy mojigata! Nada de relaciones sexuales conmigo antes del matrimonio". Cuando le preguntamos si su fe va siempre antes que su carrera, pareció ofendida. "Mi vida -me dijo- es para Dios".
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