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Conectados con el Sol

La luz solar nos baña con mucha más energía de la que necesitamos, sólo tenemos que captar la que nos hace falta.

FECHA DE PUBLICACIÓN:2011-02-10     AUTOR: George Johnson

En una planta solar el ciclo se invierte: cuando se necesita electricidad por la noche, la energía acumulada durante las horas de luz se libera rápidamente para impulsar una turbina. Las personas que actualmente viven "desconectadas" de la red pública y generan su propia electricidad con paneles PV instalados en sus techos dependen de baterías comunes para pasar la noche, pero en un futuro no lejano podrían utilizar electrolizadores solares que separen las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno; al recombinarse en una celda de combustible, estos gases pueden generar electricidad.

Aunque la idea ya es ampliamente conocida, Daniel Nocera, químico del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusets), el año pasado informó que había logrado un adelanto importante: un nuevo catalizador que vuelve mucho más económica la separación de los componentes del agua.

Nadie conoce, a ciencia cierta, el futuro de la energía solar, pero empieza a surgir un consenso en torno de sus infinitas posibilidades; por supuesto, a condición de que nos comprometamos a reactivar la tecnología.

Una fría mañana de diciembre, al oeste de Frankfurt, Alemania, la niebla pende de los árboles y las nubes obstruyen la luz del sol.
Aterido, en un puente que domina la población de Morbach, observo una turbina de viento de 100 metros de altura cuyas aspas, al girar, parecen entrar y salir de entre las sombras. Abajo, un campo de paneles fotovoltaicos lucha por recibir luz.

¿Quién habría pensado que Alemania se convertiría en el mayor productor mundial de energía fotovoltaica, con una capacidad de más de cinco gigavatios? Una fracción de esa energía procede de plantas centralizadas, como la pequeña instalación de Morbach o incluso el extenso Parque Solar Waldpolenz, de 110 hectáreas y construido hace poco con tecnología de película delgada en una base aérea soviética abandonada, próxima a Leipzig.

Dado el alto costo de la tierra en Alemania, los paneles solares se instalan en tejados, granjas e incluso campos de futbol o junto a las autopistas. Aunque dispersos por la campiña, todos están conectados con la red eléctrica nacional y las compañías de servicios públicos están obligadas a pagar una prima de 50 centavos de euro por kilovatio-hora, incluso a los productores más pequeños.

"Nos pagan por vivir en esta casa", asegura Wolfgang Schnürer, residente de Solarsiedlung ("asentamiento solar"), complejo de condominios de Friburgo. Afuera, la nieve resbala de los paneles solares que cubren los techos del desarrollo. El día anterior, el sistema de Schnürer produjo apenas 5.8 kilovatios-hora, ni siquiera suficiente para un hogar germano, pero en los soleados días de mayo la instalación puede generar hasta siete veces esa cantidad.

Luego de servir café y galletas navideñas, Schnürer extiende unos documentos en la mesa. En 2008, su planta de energía personal produjo 6,187 kilovatios-hora, más del doble de lo que su familia requiere; después de restar la electricidad consumida de la cantidad producida, los Schnürer salieron ganando más de 2,500 euros (casi 3,700 dólares estadounidenses).

Asentada a orillas de la Selva Negra, en el sur del país, la "soleada Friburgo" (así descrita en los folletos turísticos) ha sido transformada por el uso extensivo de la energía solar. Al otro lado de la calle, frente a Solarsiedlung, hay un estacionamiento y una escuela cubiertos con paneles fotovoltaicos, y en la parte vieja de la ciudad, muros fotovoltaicos colosales dan la bienvenida a quienes visitan la estación de trenes.

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