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Tonga, la última monarquía del Pacífico

Los guardias reales estaban un tanto desgarbados y llevaban salacots.

FECHA DE PUBLICACIÓN:2011-02-10     AUTOR: Cortesía

También es práctico porque el taxi tiene cortinas en las ventanas, las cuales el príncipe cierra cuando viaja por su país, de manera que su pueblo no lo vea, ni él a su pueblo. Le pregunté si las cosas cambiarían una vez que subiera al trono. "Creo que lo más probable es que sigamos haciendo las cosas como hasta ahora ya, que hemos tenido mucho éxito" -contestó el futuro rey-.

Unos días antes yo había visitado la escuela para niños discapacitados de Tonga, a la cual Australia donó unas computadoras y el pueblo japonés un vehículo. Parece injusto, le dije señalando con la mano el arte japonés y el paisaje al fondo, que la realeza y los nobles posean lo que constituye una opulencia y una riqueza relativas, mientras otras personas menos afortunadas dependen de la asistencia extranjera. ¿Es esta una crítica injusta?

Me desdeñó con un movimiento de la mano, señalando que, pese a la reputación de riqueza y poder de Estados Unidos, también tenía pobreza en ciudades del interior y áreas rurales. ?Lubbock, Texas ?comentó? y lugares así. Levantó la mano lentamente y dio una larga fumada a un cigarrillo nuevo. "La asistencia extranjera es asistencia extranjera -dijo-. Entonces, la manera de aceptar la generosidad de otros no es asunto de ellos, sino de uno".

Reflexioné en esta aseveración un rato y luego decidí que me había despachado de forma majestuosa. La audiencia no duró mucho más. Al final le agradecí al príncipe por su tiempo y por... "Adiós" -dijo-. La brusca interrupción contrastaba tanto con la cálida sonrisa de su rostro que por unos momentos no me di cuenta de que me estaba despidiendo. El príncipe me dio la espalda y se alejó, dejándome solo.

Caminé de regreso a la luz del sol, donde el chofer del príncipe, Harry Moala, lavaba los vehículos reales. Me vio, sonrió y me preguntó si necesitaba un aventón de regreso a la ciudad. "Desde luego". "¿Qué tal en el Jaguar?" -me preguntó. Bajamos velozmente por el sendero real y luego íbamos como alma que lleva el diablo por los caminos vecinales de Nuku'alofa.

Dos meses más tarde, en noviembre de 2006, la mayor parte de la ciudad ardería durante una segunda oleada de disturbios políticos. Un humo negro y espeso flotaría sobre la urbe mientras la multitud volcaba autos, incendiaba oficinas y apedreaba edificios gubernamentales en demanda de una representación más democrática. Ocho personas murieron, arrestaron a cientos, y acusaron de sedición a cinco líderes democráticos, 'Akilisi Pohiva entre ellos.

Por ahora, sin embargo, Moala esquivaba autos más lentos y reflexionaba sobre Su Alteza Real. ?No lo veo en toda la semana. Nada más se queda en su cuarto. Manda que le lleven la comida, hasta por una semana -comentó-. Su Alteza se queda solo en su habitación. Tal vez le gusta la soledad. Pero ocupado con la computadora. Está inmerso en la máquina todo el día y toda la noche.

Yo sabía exactamente lo que quería decir: el nuevo rey se queda dormido, y todos tienen miedo de despertarlo.

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